Parpadeo Nov16

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Parpadeo

Esa mañana, como todas, el espejo de cuerpo entero la esperaba para devolverle su imagen de recién duchada. Arriba, la claraboya enorme aspiraba el vapor, desempañando azulejos y dejando entrar una abertura celeste y una brisa redonda. Mientras se ojeaba en el cristal que había reflejado las desnudeces familiares de tres generaciones, recordó haber soñado con la remota mañana en que su hermano se había esfumado de casa sin dejar rastro. Sí, no había sido un sueño lindo, pero tampoco el habitual sueño angustioso de la repentina desaparición de su padre; había sido algo más bien intermitente. Se le contorneaba alguna ojera (si es que los adolescentes pueden llegar a tener ojeras) y cerró los ojos un segundo para quitar las nieblitas matinales.

El espejo la devolvió diferente, ahora veía una cebra. No tuvo tiempo de sentir miedo y parpadeó, pensando que había tenido una paramnesia o cualquier otro fenómeno extraño del cual no supiera el nombre. Cuando los abrió, estaba allí, ella.
Aliviada, sonriendo, cerró los ojos y al volver a abrirlos, era gacela.
Ahí se detuvo para corroborar la veracidad del milagro. Dudó un poco; en completo silencio, se movió para un lado y para el otro con leve taconeo de pezuñas. Se miró los pies y vio patas, se miró la espalda y vio rabo. No había error, había gacela. Grácil, canela, de pupilas alargadas. Casi rogando que no fuera cierto, cerró y abrió los ojos y volvió a ser ella.
Estaba sana, no era locura; algo mágico, que no pretendía cuestionar, había en ese espejo. Repitió la operación y fue ardilla.
Era divertido, inofensivo ¡y siempre se podía volver! Parpadear, ser otro; parpadear, ser ella, a voluntad, sin pensar, jugar con la mente y ser lo que jugaba.
Después, Pomerania. Y ella. Gato, ella, tejón, ella, iguana, ella. Era un frenesí: cambiar rápido, sin razonar demasiado. Era tan entretenido que no quiso avisarle a mamá de ese juego inocente. Iba a tardar un poco más en bajar a abrazarla, pero era sólo un momento, nada alarmante para mamá. Canario, ella, foca, ella, lirón, ella, conejo, ella. De la planta baja le llegó el llamado, insistente, para el desayuno. Ternero, ella, gallina, ella, ranita, ella. Se dijo qué lindo es esto, sólo una vez más, una más y bajo a saludar a mamá. Cerró los ojos, los abrió, se vio polilla, que no tiene párpados.
© JIR