2002 Nov16

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2002

Esta es una carta que escribí a los chicos de la agencia, para la Navidad del 2002. Fue un año triste, duro, de mucha pérdida en todo el país. Para mí, fue un año agridulce: un día antes del cacerolazo nació mi primer hija -el regalo más grande de la vida- y unos meses después, con la pesificación, perdí todos mis ahorros que había venido juntando para comprar una casa.

Y como sobre llovido, mojado, en el trabajo, por una compra corporativa en Estados Unidos, perdimos a un cliente que representaba el 75% de la facturación de la agencia. Eso hizo que tuviéramos que despedir a cuatro personas queridas que trabajaban directamente con ese cliente, porque no les podíamos pagar. Diego, Marcelo, Laura y Federico. Para todo el resto -nosotros incluidos, y en mayor medida- hubo reducción de sueldo. Era eso o cerrar. Afuera había desesperación y miedo. Llegaban CVs de ingenieros, contadores, gente con posgrados y preparadísima, pidiendo trabajo de cualquier cosa y por cualquier sueldo. Ver esos CVs y cartas daban ganas de llorar.Pero la Providencia actuó, y los que quedamos remamos. La carta salió del fondo del corazón. La transcribo tal cual como salió de un saque, sin florituras o correcciones literarias, casi 10 años después.Va:
“¡Bueno, bueno, bueno! Me voy de vacaciones y vista de potenciales clientes y antes quería compartirles un par de pensamientos (a título personal) que tengo en la cabeza.
Creo que dentro de unos años -mirando en perspectiva- nos daremos cuenta cabalmente de lo que vivimos en el 2002, en todo sentido: humano, anímico, económico, social, etc.  Según dicen los viejos, ésta fue la peor crisis que se vivió en el país y a nosotros nos tocó padecerla en carne viva y sin anestesia.
Todos perdimos algo, mucho o poco, algunos los ahorros de años (¡me incluyo!), otros sus empresas (casi), otros sus trabajos (muy doloroso), otros su salud (creo que por suerte a nadie nos tocó), y casi todos, nuestro poder adquisitivo, teniendo la fea sensación de que el esfuerzo no dio los frutos que naturalmente debiera dar.
Todo esto es cierto, es real y es indiscutible.  No por nada fue la peor crisis de la historia de la Argentina, las empresas y las familias.
Pero yo siento que hubo algo bueno: las crisis aceleran cosas que, en tiempos normales, tardarían más tiempo en manifestarse.  Las personas se sacan las caretas y muestran sus verdaderas personalidades. Así nos encontramos a los Di Caprio y a los Malos del Titanic. Nos encontramos con calculadores, saqueadores, usureros, indiferentes, pero también con gente solidaria, atenta, amorosa y heroica.
Y acá llego al punto central de lo que les quiero compartir: siento que nosotros fuimos héroes en muchos sentidos. Sacale la grandilocuencia a la palabra “héroe”, somos adultos, no se trata de supermanes o sanmartines de bronce, se trata de gente normal a la que le toca vivir cosas tremendas y las supera. ¿Querés algunas razones de por qué pienso esto? Bueno, acá te van:
Los héroes son personas comunes que hacen cosas comunes en condiciones adversas. Por ejemplo, tratar de tener buen humor y saludar al compañero con buena cara, en lo peor de la crisis, es heroico.  Lo más fácil es ser agresivo, y se podría justificar con “la crisis” pero decidir tener buena onda en esas condiciones, yo lo veo como heroico.
Los héroes no se auto victimizan para dar lástima a los demás.  Si tienen que hacer una tarea en condiciones duras, o con una recompensa menor a la normal, lo hacen igual, no lloran, suspiran, critican por abajo o hacen de mala gana cada cosa que les toque hacer.  Y creo que -a pesar de varias sorpresillas que padecimos de parte de algunos clientes- nos hemos mantenido bastante afilados y dando lo mejor de nosotros.
Los héroes huyen para adelante, no para atrás.  Si la marea dice que hay que convertirse en mediocre, hacer un trabajo mediocre, depresivo, a regañadientes, “total no va a salir”, lo heroico es ir contra esa marea de mediocridad e insistir en hacer un trabajo correcto, ideal, poniendo lo mejor.
Los héroes son vulnerables, fallan, se quiebran, se deprimen… pero se reponen una y otra vez. Creo que ejemplos sobran ¿cuántos presupuestos, proyectos, mailings, llamados, ideas y demás cosas presentamos como agencia este año, para encontrarnos con miles de “No” en todas las puertas a las que tocábamos?  ¿Cuántas veces nos frustramos este año? ¿decenas? ¿cientos? Pero bueno, con perseverancia y la gracia de Dios parece que algunas cosas se están dando, como Cinecanal.
Y siempre, tarde o temprano, los héroes tienen su recompensa.  A no dudarlo, todo el sacrificio que nos tocó vivir, tendrá su recompensa.  Estamos haciendo todo lo posible, muchos de nosotros dando más aún de lo que corresponde, poniendo más garra en medio de la tormenta.  Y eso algún día vuelve.
Así que bueno, aunque la palabra “héroe” parezca grandilocuente, en realidad es muy humana y a tu tamaño.  Quizá cuando mires a tus papás, pareja, vecino, un taxista, un cartonero o vos mismo te mires al espejo, estés viendo uno.  Real y de carne y hueso.
Esa es mi sensación del 2002.  Un año que produjo millones de héroes anónimos. Felicitate.
Personalmente les quiero dar las gracias a todos por este año, tan difícil.
Realmente valoré un montón muchas actitudes que me sorprendieron y se los quiero agradecer.  Ojalá de mi parte hayan percibido que compartí palmo a palmo el sacrificio junto con ustedes.  Pido perdón si alguna ocasión fui rudo, seco o irritante. En todo caso nunca fue con mala intención, sino que cedí a las presiones o cansancio y no actué como debía en esa ocasión.
Y nada.  Recemos para que el año 2003 sea mejor y nos encuentre más fortalecidos espiritualmente para no quedarnos en nuestra propia caparazón y ayudar a los demás en la medida de lo posible.
¡Muchas gracias por todo!
¡¡Feliz Navidad para sus familias!!
Yo
PD: me voy a cambiar pañales, ¡qué bonito!”

© JIR