Gracias, Twitter Nov16

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Gracias, Twitter

Al final del post les voy a contar un caso de una búsqueda laboral que hice, y gracias a Twitter, se pudo resolver óptimamente, para alivio de todos.
Pero empecemos por la causa de ese alivio, y ésta es que buscar gente para tu empresa es una de las artes adivinatorias más complicadas que conozco. El motivo es fácil entender: en una breve entrevista, una persona te quiere convencer de que es apta, y vos tenés que descubrir si lo es. Y en este asunto no hay temas menores; estás eligiendo a un compañero de trabajo al que le verás la cara 10 horas por día (y él a vos) y le confiarás clientes, reputación de tu empresa y otras cosas que te costaron años y toneladas de esfuerzo construir. Sumale que habrá días con presiones de tiempo y rendimiento y la personalidad y la visión positiva de la persona serán un bálsamo -o lija en los ojos- en tales condiciones.

Como decíamos, tomar una decisión así es muy difícil y luego de 20 años de entrevistar personas -y equivocarme mucho-, aprendí a recurrir a ciertos recursos que puedan iluminar un poco la niebla de esa incertidumbre.

El primero, es la intuición. Sí, la subjetiva, profunda e irracional intuición. Qué siento con esa persona, qué dicen sus ojos, su manos, hasta su olor. Escuchar sin racionalizar y abandonarme a la percepción lo más amplia y pura posible, que la información que recibo no pase por el cerebro sino por la subjetividad. ¿Poco científico? Quizá sí, pero viéndolo en retrospectiva, cuando hubo casos fallidos, me di cuenta de que en la entrevista sentía “algo raro” que no podría explicar muy bien, pero que era real. Algo me decía que no era la persona y mi mente racional -leyendo el CV tan bonitamente redactado- lo acalló. Error. En el 100% de los casos fallidos pasó eso, así que si no aprendiera de semejante porcentaje, sería un necio.

El segundo, casi tan bueno como el anterior, es pedir referencias. Antes no lo hacía, de puro ingenuo. Ahora es condición necesaria. Por suerte, esta práctica se está volviendo común en el mercado de las agencias, y entre todas tratamos de protegernos de las bombas de tiempo envueltas para regalo. En esta protección mutua hay una condición esencial: la sinceridad amable, pero brutal. Si vamos a endulzar las cebollas, el sistema deja de servir. En mi caso, soy totalmente sincero y digo las virtudes, defectos (o lo que yo percibo como defectos) y las fortalezas de las personas que trabajaron conmigo. Sin minimizar ni exagerar nada. Quizá suene botonazo, pero no es más que una bien entendida sinceridad. Y si a alguien no le cae bien la práctica, la técnica para que hablen bien de vos es tan fácil: hay que hacer las cosas bien.
Lo bueno de pedir referencias a anteriores empleadores, es que ellos ya vivieron el “arco de vida” de la persona en sus empresas, con lo cual, te pueden contar el cuento completo. ¿Por qué esto es vital? Porque muchas veces, la gente muestra la hilacha cuando renuncia (por ejemplo, de un día para el otro te dice que se va, dejándote en banda, tirando por la borda todos los años de relación, o inician un juicio injusto) y es importante saberlo. Hay muchos así, que van dinamitando relaciones en cada trabajo que tienen. Y hay otros más vivos, que saben que las empresas pasan, pero las personas permanecen, así que piensan a largo plazo, se van por la puerta grande y vos te quedás con ganas de volverlos a contratar. Así que gracias a llamados oportunos y a la sinceridad de mis colegas, zafamos de varios peludos.

Y para terminar, el novísimo tercer recurso -al que cada día quiero más- es… Twitter. En el mundo 2.0, no hay nada más revelador de un ser humano que su TL. Ahí lo ves sin máscaras, espontáneo y tal cual como piensa, siente y es.
Para ilustrarlo, les cuento un caso real, en donde el contraste entre lo que leía en el CV y lo que veía en Twitter no podía ser más gracioso. Cito literalmente:

Escrito en el CV:

“Aspiro a integrarme con lealtad a una organización de alto rendimiento, aportando mi visión positiva, colaboración en equipo y sentido de superación”.

Escrito en Twitter:

  • Mi jefe es un pelotudo, lo veo y me descompongo.
  • Otra vez #compañero me pregunta lo mismo. Se me acaba la paciencia.
  • Por fin viernes, no veo la hora de un feriado.
  • Hay #clientes que me tienen las bolas por el piso, #killmenow #killmenow #killmenow

Y otros de esa calaña.
El pibe no solamente veía la vida entera desde el vaso medio vacío, sino que en el laburo era el típico pelotazo en contra, doble cara y amargo que todos queremos evitar tener cerca.

¿A quién le hice caso?

Al pajarito azul.

 

© JIR