Luna de ojos grandes Oct07

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Luna de ojos grandes

Ya no necesitamos sembrar el cuerpo de ojos indecisos, ni esperar a que algo se mueva para que la tierra tiemble. Ni depender de esa noche inerte entre las nubes para enamorarnos; ni buscar el orgullo, la inocencia y la alegría, porque ya los encontramos y vivimos en esa generosidad feroz de regalar lo único que se posee, que es de lo que estamos hechos. Cada beso como un templo de millones de siglos, cada mirada desvestida hasta el núcleo del aliento, cada silencio un bramido de amor que perturba a las estrellas.

Ya el tiempo dejó de proceder como una máquina de daños; la ausencia perdió su amasijo de gestos neblinosos. Ya nos reencontramos triunfantes tras las horas espantosas. Y te veo dormir arrecife sereno que me espera. Y ciertamente el olvido ya es poco más que un artificio literario, impracticable para los palpitadores.

Y lloramos o reímos, como si supiéramos. Y creemos, como cree siempre el que ignora. Y comprobamos que el camino del bien nunca es resbaloso. Y una pupila o una mano o un cabello que se escurren alcanzan para reconstruir los amparos que los desamores.

Y a cada santiamén somos menos simulacros. Menos extranjeros de nosotros, menos torpes. Y habiendo dicho todo lo antedicho, mi propuesta simple, acaso incauta, es que ardamos juntos, luna de ojos grandes.

©JIR