No existen Oct02

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No existen

El padre cumplía todas las noches con el ritual de desangustiar al hijo a la hora de dormir. Es lo que hacen los padres, aunque el caso del pequeño era preocupante; un miedo voluntarioso reaparecía cotidianamente cuando tocaba acostarse. Lo había procurado todo: dejar las luces apagadas, revisar arriba de la cama, acariciar con tentáculos, contado, cantado, racionalizado, ridiculizado. Todo, pero sin lograr una persuasión duradera, porque cuando el cansancio conseguía adormecer al hijo, invariablemente a las pocas horas despertaba hecho un desconsuelo, jurando ver caras y escuchar conversaciones.

_ Tengo miedo, papá, los oigo murmurar, hablan de mí.

_ Es imposible, chiquito, te lo dije mil veces: no existen.

_ ¿Por qué no me creés? Si estoy quieto y en silencio, no hacen nada. Pero si hago el mínimo sonido, los escucho gemir, o gritar, y los más valientes hasta se asoman a verme. Me da miedo dormir en esta cama.

_ Mi amor, por favor, ya sos grande, quiero que duermas, ¿cuántas veces te tengo que decir que los niños no existen?

©JIR