INSTRUCCIONES PARA DECIR MAR Jun12

Tags

Related Posts

Share This

INSTRUCCIONES PARA DECIR MAR

Antes de casarme estuve un año sin ver a mi novia, porque ella vivía en Puebla y yo en Buenos Aires. Durante esa inclemencia, la distancia más que una desesperación era una opacidad, y más que una opacidad era el obstáculo a diluir para encontrarnos de una vez para siempre. El más mínimo contacto se hacía difícil y al mismo tiempo, el más mínimo contacto era una alhaja impronunciable que se acopiaba como una fracción de felicidad. A falta de besos, los te amo siempre quedaban despalabrados y salvajes. A falta de abrazos, acudían las insuficientes metáforas. Y de esa mezcla de emociones, un mes antes de casarnos, le envié esta lista de ¿frases, pensamientos?, bueno, no sé qué sean, cuando ya veíamos playa en el horizonte y la espera llegaba a su desenlace.

***

Habitarás en mí mientras yo te habito y sembraré en tu seno bajo el sol de tus ojos y dormirás en mis labios y se me escapará una lágrima.

Alfabetos, signos, letras; caemos en ellos como quien aborrece el agua pero quiere seguir viviendo.

Dentro de muchos años quiero morir bajo tus estrellas.

Vernos es volver a ver, tocarnos es desmutilarnos.

Distancia es poco, soledad es poco, todo es poco por el valor que tienes.

Cada día una vida, cada vida una guerra con 24 batallas.

Quiero tener elocuencia ignorante sobre el papel de tu boca.

Los pájaros que migran se orientan como yo me oriento.

Vas dejando huellas como peldaños para que suba.

Qué lindo es saber que nos perderemos cada uno en el jardín del otro.

Desde lo más profundo te traje esta piedrita; vivía en un vecindario de perlas, pero ella es más valiosa, por humilde.

A ver si se corre, Continente Americano, por favor.

Ahora la distancia vuelve a tener dientes de leche.

Le ofrecimos la otra mejilla 365 veces, imaginate los besos que tendremos que darnos para sanar tanto sopapo.

Te mañanas nítidas de la infancia. Te sol que solidifica el adobe y derrite los hielos. Te playa de arena blanca en el catalejo. Te años larguísimos de la niñez. Te moneda oportuna encontrada en la calle. Te patria sin la sangre que ha corrido en su nombre.

Tu perfume no viene en ningún frasco; bueno, sí, viene en vos.

Cada día un incendio y cada día un nuevo bosque.

Curiosa aritmética: estoy entero pero me falta un 1/2.

Si el alma es indivisible, ¿por qué tenés la mitad de la mía? Ah, entiendo, la tenés toda.

Grito como niño perdido en la peatonal.

Sólo sé una palabra, ése nombre que tenés y no te pusieron.

Desde que no te tengo todo sabe ácimo. Desde que no te tengo no me tengo.

Bajan las estrellas a beber de tus ojos y tanto descaro me pone celoso. Derribémoslas y repartamos el botín.

Pasa un día y el alejamiento tiene una baja nueva.

Milagro: no se ha inventado la palabra que te defina. Antimilagro: no me alcanzaría el tiempo para definirte.

Desertarán de la noche los insomnios sin tu cuerpo.

Medir como los egipcios, no durmamos a más de un palmo de lejos.

Verás que nada envejece cuando lo mires con el amor con el que se lo hizo.

Fui a tirar piedras al río para matar el tiempo, pero entendí que era un niño queriendo matar al río a pedradas.

¿Aceptará la Real Academia las palabras que nuestro amor invente?

Fundí picaportes y forjé bayonetas para derrocar a Distancia.

No paramos de cruzar puentes desde que nos fuimos. Nuestra vida se podría medir en ríos cruzados.

Detrás de cada puerta acontece un milagro, más si es la de tu habitación.

Lo más pequeño, para nosotros, es cosmos.

Veo veo qué ves una cosa qué cosa maravillosa de qué color del color de las montañas a lo lejos ah ya sé son tus ojos ah no vale, los estás recordando.

Hermoso es saber que aún no conozco tus cuatro estaciones.

La palabra ilusión es como el agua, que parece que se evapora pero después llueve.

Hay un manantial que nace en vos y desemboca en mi arena, yo doy siembra y vos fecundidad.

Más guapa que la palabra encuentro es reencuentro.

Vos ni te imaginás lo linda que me vas a parecer cuando te vea.

Ciertamente el amor sin sacrificio no vale la pena y ni sé si es amor.

Ya veo flotar a las horas con la barriga arriba como peces ahogados; qué cosa, chicas, se les acabó el tiempo.

 

Amo tu voz. Amo el silencio entre tu voz y tu voz. Amo el puente roto de tu voz por la mañana, el lago entre tu voz y la luna sin voz, el fluir de tu voz por donde vivimos, amo en todos lados tu voz, de lejos, de cerca, a quemarropa, por teléfono, en sueños. Amo tu voz que no me arde y que le da huesos al tiempo y se los rompe. Amo tu voz como un catador de vinos; afrutada, con cuerpo, perfumada, oscura, de justa edad, vibrante, joven, siempre alegre aunque llore. Amo la casa de tu voz. Amo andar saltando días como baldosas flojas entre tu voz y este silencio de pirámide, verde como una piedra que gime.

©JIR