La derecha y la izquierda Abr07

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La derecha y la izquierda

Cuidado, que viene la derecha. Esas son banderas de la izquierda. Escuchar cosas así me da más sueño que leer a Galeano, les juro. Y es de no creer que a más de 200 años de que en en 1791 se inventaran las mentadas clasificaciones, haya gente que siga etiquetando, ubicando, catalogando y acomodándose ella misma bajo su influjo. Es más, si prohibiéramos esas etiquetas, el 80% de los columnistas de Página/12 no podrían escribir y el 100% de la tapas de Le Monde Diplomatique no existirían. Chiste aparte, rotular lo que sea o a quien sea como izquierda o derecha solamente empobrece la mirada, contamina de ideología cualquier cuestión práctica y además, pauperiza el debate porque sí. Por si fuera poco —y esto es melodramático— sin lograr definir claramente qué es una cosa y la otra. Pregúntenle a alguien que se considera progre qué es la derecha y obtendrán más definiciones que si le preguntan a un peronista qué es el peronismo o a un comunista qué es la resistencia. Y lo mismo si le preguntan a alguien que se considera de derecha. No habrá dos respuestas iguales. Entonces —volviendo al ejemplo— la complican con subcategorías: la derecha liberal, la derecha reaccionaria, la derecha conservadora, la derecha capitalista, la derecha vendepatria, la derecha nacionalista y bla. Y lo mismo con la izquierda, cuyas agrupaciones tienen un gen maravilloso para subdividirse y fragmentarse hasta lo subatómico. Y a ambas súmenle que la violación de DDHH y el uso de la represión es usado por regímenes de derecha como de izquierda. O algo simpático: según distintas tradiciones y diferencias históricas, el hecho de que ser liberal en un país se considera de izquierda, y en otro, de derecha. En fin, por todo lo anteriormente dicho, verán que cualquier intento de encasillamiento se escapa a las simplificaciones y la conclusión es obvia: la etiqueta queda ridículamente inepta porque no puede definir lo etiquetado, ni juzgar una acción por el rótulo que lleva pegado, ni menos aportar utilidad para gestionar.

Mi opinión es que hay que abandonar los motes de izquierda y derecha y mirar todo con un encuadre nuevo, que tiene sólo dos categorías: destructivo o constructivo. Punto. No importa qué sea, no es de derecha o de izquierda, es destructivo o constructivo.

A ver si logro compartir mi paradigma: para mí la política y el liderazgo es, fundamentalmente, resultados; ni discursos ni mesianismo. Métricas, no mística. Se es exitoso contra la pobreza cuando a la pobreza se la midió antes y se la mide después y bajó, no cuando se habla de los pobres mientras se afirma que no se tienen estadísticas para saber cuántos pobres hay. Se es exitoso en… (pongan lo que quieran)… cuando antes estaba mal y ahora está mejor, y eso se puede medir claramente. Todo lo demás es plata tirada en propaganda. Muchos no estarán de acuerdo con esto; pensarán que esta visión es querer gobernar a un país como se gerencia una empresa, pero no; salvando las diferencias y si lo quieren comparar con algún tipo de gestión más micro, para mí es más parecido a gestionar una ONG. Tiene que cumplir su razón de ser y ser sustentable al mismo tiempo.

Volviendo al razonamiento, es lógico que cualquier acción, idea, o administración pública deba ser catalogada y juzgada como constructiva o destructiva, no de derecha o izquierda. Y si es constructiva, avanzar, aunque la haya propuesto Stalin. Y si es destructiva, evitarla, aunque la haya propuesto Francisco de Asís.

Se preguntarán construir o destruir qué. Respondo: todo. Solidez institucional, desarrollo estratégico, derechos humanos efectivos y no declarativos, respeto por la vida, inclusión social, cultura, tranquilidad ciudadana, matriz energética, creación y distribución de riqueza, ciencia y tecnología, políticas educativas, lo que quieran. Cuando haya que evaluar la gestión de alguien, se mide por esos criterios, y el resultado salta a la vista. Y si esconde las métricas (no lo digo sólo por el kirchnerismo y la destrucción del sistema de estadísticas del país, es algo pasa en todos lados, en empresas privadas, en el marido que le esconde los gastos a la mujer, en todo) ya es un indicador de que muy constructivo no es, porque quien esconde los números esconde su verdadero accionar.

Usando este nuevo encuadre se decide mejor, se mide con exactitud y hasta se vive más pragmática y livianamente. Y con menos hipocresías: Google, empresa ultra capitalista nacida en las entrañas de El Imperio Yanki, ¿es buena o mala? Midamos: ¿crea valor para la gente y la sociedad, no le roba a nadie y vive de cobrarle a los que le pagan? ¿Sí? Entonces es constructiva; bajo este punto de vista puede usar Google sin problemas de conciencia, señor trosko. ¿Quién fuera de Silvio Rodríguez es propaganda marxista? Midamos (bueno, una forma de decir): ¿es una canción bella y hermosamente tocada, que no hace apología de la represión castrista? Apréndasela y cántela sin sentirse violador de los DD.HH., señor exiliado cubano. ¿Paka Paka es un canal manipulador? Midamos: ¿es de excelente calidad y con contenidos muy buenos y no politizados? Véalo sin sentir que le hace el juego al gobierno, señora del PRO. Que Aerolíneas Argentinas sea estatal, ¿es bueno o malo para el país? Midamos: ¿pierde 2 millones de dólares al día, mientras hay gente que no tiene agua potable? Entonces destruye valor, es malo; bajo este punto de vista, defender esa gestión es inmoral, señor progre. O se la gerencia bien o se la privatiza para que la plata de los pobres no pague el viaje de las clases media y alta. ¿Y si empata o gana, abriéndonos mercados externos, conectando destinos internos y democratizando el uso del avión? Entonces construye valor, es buena; puede enorgullecerse de ella sin por eso convertirte en soldado de Perón, señor radical.

Listo. Nos ahorramos horas y ronqueras peleando si algo es así o asá, si es zurdo o facho, patriota o antipatria, progresista o reaccionario o cualquier imbecilidad que no cambiará un ápice la realidad. Esta matriz de catalogación constructivo-destructivo aplíquenla a cualquier política nacional, provincial o municipal y las cosas se juzgarán más fácil. Y obviamente que dentro de constructivo también considero a eficiente y eficaz, y dentro de destructivo, ineficiente e ineficaz.

Sé que no es fácil. A la gente nos apasiona llenar de mística simples acciones, blablablear revistiéndolas de ideología o valores y excluir al contrario. Y nos encanta embanderarnos, reducirnos y fosilizar el cerebro; es una forma de ahorrar energía mental y simplificar lo complejo. Y muchas veces a eso lo consideramos tener principios, cuando en ocasiones es solamente ser necios. Y guay de decir que no tenés ideología, porque para muchos sos alguien sin ética ni lealtades, o peor, sos la derecha mimetizado de independiente. La pucha. Disculpen, pero pienso que en política, etiquetar(se) es deforestarse mentalmente y perder la panorámica más grande. Es volverse un autómata que pondera las cosas con un resortito irreflexivo, por el simple hecho de que provienen de alguien que piensa diferente, o por la infantilada de no querer aceptar que el otro pueda tener ideas que yo también podría compartir. O muchas veces, por manejarse con doble vara.

Así que, como siempre que termino uno de estos posts, lo hago con una frase más o menos similar: quizá este encuadre nuevo les parezca simplista e inaplicable. Yo lo veo sensato. Pienso que, bien mirado, es posible de ser vivido. Y necesario, por no decir urgente.

© JIR