Fútbol vida Dic31

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Fútbol vida

Imaginé un nuevo deporte, dejen que primero les explique la causa.

Creo que la mayor parte del mundo coincide con que el fútbol es el deporte más hermoso; algo que fue dicho mucho y muy bellamente. Pero por lo menos yo disiento con eso de que el fútbol es como la vida. Y para ser justos, ningún deporte se asimila a la vida, porque todos son reducciones —además, reglamentadas— de cosas que pasan en la vida, como competir, colaborar, alcanzar metas y demás. Necesariamente son simplificaciones, que dejan muchas cosas de lado, como toda representación. Así que volviendo al balompié, les cuento algunas razones por las entiendo que la vida es muchísimo más compleja que el juego, razones que fueron la causa del invento del nuevo deporte:

  • En el fútbol tenés un campo donde el rival está exactamente al frente, estático y claro. En la vida nunca sabés de dónde te puede venir un pelotazo ni a dónde tenés que mandarlo; no hay simetrías, la mayor parte de las veces estás rogando siquiera saber dónde está el arco contrario y cuando lo encontrás, casi siempre es un blanco móvil, o directamente tenés que crearle un arco al otro para poder embocar un gol.
  • En el fútbol hay una sola pelota que correr, y es tu única prioridad. En la vida hay muchas, y como no las podés manejar a todas al mismo tiempo, tenés que elegir. Y elegir es renunciar; vas priorizando unas por sobre otras, durmiendo ésta, chumbando aquélla, dejando pasar la de más allá, perdiendo la de más acá, siempre a sabiendas que no tenés los recursos para hacerlas rendir a todas a su máximo potencial.
  • En el fútbol hay solamente dos actores y es un ganar/perder/empatar. Los actores de la vida —inanimados o inteligentes— son muchos y unánimes y quizá no siempre y con no todos sea un ganar/perder/empatar, sino que convenga hacer un concordato momentáneo con alguno para sacarse de encima a otro más acuciante y recién después, arreglar tus asuntos con el que quedó.
  • En el fútbol ambos equipos juegan con la misma cantidad de recursos y bajo las mismas reglas. En la vida no. Muchas veces te toca pelear en condiciones de inferioridad, o contra reglas amañadas de antemano. Quizá tu arco sea gigante y el del rival, diminuto; él tenga cien jugadores y vos cinco; no hay reglas igualitarias.
  • Cuando hay una causa que lo amerite, en el fútbol se paran las jugadas. La vida siempre es en tiempo real, nada se detiene, todo fluye—y hasta se acelera— mientras tenés que resolver los problemas que aparecen.
  • El fútbol no deja de ser binario, blanco y negro, win-lose, simple de entender y de ver; la vida es matizada. Si bien la realidad es una, hay tantas facetas y puntos de vista diferentes que pareciera que hubieran múltiples realidades.

Por todo lo anterior, un día me gustaría ver y jugar este deporte que llamo —con bastante pereza mental— F4tbol (o S4ccer, en inglés). Un deporte que se desarrolla casi como el fútbol, pero más parecido a la existencia. Veamos:

Campo de juego.

La cancha es un octágono del tamaño proporcional a un estadio de fútbol profesional. Es decir, entre los arcos enfrentados hay 100 metros, y el ancho del rectángulo es de 50 metros. Todo el resto de terreno que se suma, permite que el campo de juego sea mucho más interesante, porque no hay un solo enfrente, sino varios, que permiten mayor despliegue de la estrategia.

cancha1 

Equipos, jugadores y jueces.

Hay cuatro equipos, todos rivales entre sí. La cantidad de jugadores es de once por equipo, y dado que el octágono es proporcionalmente grande como cuatro canchas, no hay un problema de apiñamiento. Todos los arcos tienen dos amenazas inmediatas en sus flancos y una más lejana, enfrente. Hay cuatro pelotas, que cualquiera de los equipos puede poseer. También hay cuatro réferis, uno por pelota, porque donde hay una pelota, hay disputadores y es probable que haya faltas; así que cada pelota tiene su propio juez para monitorear las jugadas.

Si por alguna causa se produjera un parate en el juego (lesión, foul, discusión), solamente paran los dos equipos involucrados, por ejemplo, el que fauleó y el fauleado. Los otros dos siguen, supervisados por sus respectivos réferis. Esto también suma a la prudencia, porque si cometés una falta, parte de tu equipo se verá obligada a detenerse, pero otros seguirán jugando, lo cual es peligroso. Si en el parate estuvieran involucrados los cuatro equipos (podría darse el caso) ahí sí pararían todos.

Los goles NO detienen el juego total: el arquero saca desde el arco. Esto permite que —catastróficamente— te puedan meter cuatro goles al mismo tiempo, si se diera.

NOTA: en el dibujo de abajo los jugadores y las pelotas no están a escala:

 cancha2

 

 

Condiciones de victoria.

Para ganar el partido, hay que meter al menos un gol a cada equipo, y de ahí para arriba. No se gana si se meten cinco goles al arco de al lado y ninguno a otro. Esto ayuda a darle vivacidad y riesgo al juego, porque cuando te aventurás a arcos lejanos, necesariamente descuidás tu defensa. También obliga a los equipos a armar acuerdos tácticos o estratégicos y luego desarmarlos cuando los intereses se inviertan, o los tiempos lo requieran.

Los puntajes podrían ser así:

  • El que más goles metió: 5 puntos.
  • El segundo: 3 puntos.
  • El tercero: 2 puntos.
  • El cuarto: 1 punto.
  • Si no se cumplieron las condiciones de victoria (mínimo un gol a cada equipo): o punto.

Por supuesto que pueden haber empates de puntos: si dos o más equipos meten la misma cantidad de goles, tendrán los mismos puntos. Ejemplo: si dos equipos meten tres goles (y éstos son los más altos del partido), los dos se llevan 5 puntos.

 

Rol del DT.

Se cae de evidente que este juego es mucho más parecido a una guerra mundial, con muchos frentes simultáneos, que a una batalla campal, con uno solo. Por lo tanto, sería interesante que cada equipo tuviera un DT y tres mariscales de campo, monitoreando el desarrollo. Las decisiones serían estratégicas y tácticas al mismo tiempo, por momentos se debería reforzar cierto lugar renunciando a otro; por momentos a la inversa; por momentos concentrar fuerzas, por momentos dispersarlas. Las comunicaciones dentro de la cancha deberían ser mucho más organizadas, el capitán tendría un mayor rol de comando.

En el fútbol el DT sabe el objetivo del contrario: convertir goles y que no le conviertan a él. Este objetivo puede cumplirse con distintos planteos (ofensivo, defensivo) y configuraciones del equipo. En el F4tbol, ningún DT tendrá en claro el planteo circunstancial de los otros tres rivales, con lo cual tendrá que deducirlo o forzarlo para que el suyo prevalezca. Todos sabrán que entre ellos se quieren meter goles, pero los planteos y configuraciones tendrán que ser sumamente versátiles y nadie sabrá a ciencia cierta quién está en la mira de quién en un momento dado. O algo más divertido: quizá en algún cruce de jugadas no previsto, el DT improvise un cambio de táctica que modifique lo que venía haciendo o presuponiendo. Si en el fútbol no hay dos recetas iguales, en el F4tbol este principio se eleva a la cuarta potencia.

 

 Sí, verlo sería un despelote.

Imagino que desde el primer renglón vienen pensando cómo se puede televisar, relatar o seguir semejante partido. Muchos enloquecerían o se desesperarían por no poder comprender lo que está pasando. Bueno, muchachos, es la idea de asemejarlo a la vida: ¿cómo se capta toda la realidad al mismo tiempo? En vivo, no se puede. Este deporte implica que vas a ver algo y te vas a perder de algo, vas a tener que elegir. Por no ser binario (uno contra uno), se suma un factor caos que el fútbol no tiene; y eso le da ligereza, pero a la vez desorden; que a su vez permite mayor creatividad e improvisación: en instantes una jugada lineal del equipo A contra el B puede trastocarse y convertirse en un drama o alegría para el equipo C, que interceptó la pelota y cambió la jugada.

Por todo esto, el momento natural para entender cabalmente lo sucedido será después del partido. Ahí se podrá analizar qué se quiso hacer; descubrir aciertos y errores, recetas fracasadas o espontaneidades magistrales. Como hacen los militares o los estrategas de negocios, que aprenden analizando las batallas o los casos luego de que ya fueron ejecutados. Lo más interesante del partido ya no serían los emocionantes pero efímeros 90 minutos, sino todo lo que empieza luego del pitido final. Sería apasionante estudiar los partidos a posteriori, interpretando lo que cada equipo quiso hacer, diseccionando las tácticas, aislando duelos individuales y las jugadas de tumulto, descomponiendo las improvisaciones. Habría pocas cosas más encantadoras que las charlas de café luego de un partido de éstos, porque la gente hablaría desde lo que vio con su limitada y selectiva percepción, no necesariamente desde lo que fue en realidad u otro captó desde su también limitado panorama. Qué placer sería polemizar un partido de éstos; cada uno sería un verdadero caso de estudio.

 

Posibilidades.

Es fácil de deducir que un juego así es algo fascinante y al mismo tiempo muy difícil de seguir en su totalidad. Si ya dijimos que el DT debería comportarse más como un estratega que como un mariscal de campo (o como estratega y mariscal alternativamente), pasa algo análogo con la mentalidad de los jugadores. Sería un juego mucho más estresante, si se quiere, por la cantidad de amenazas, pero al mismo tiempo más estimulante, por la gran cantidad de posibilidades.

Y los hinchas vivenciarían distintos partidos, por decirlo de alguna forma, ya que —a diferencia del fútbol común, en donde todos miramos la misma pelota y jugada— acá hay cuatro contiendas simultáneas —que se cruzan, aparte— y cada hincha podría prestarle mayor atención a lo que más le interesase. Cada persona que viera el partido se llevaría una experiencia irrepetible de acuerdo a qué momentos del mismo fue atendiendo.

 

Y eso es todo, gente. No deja de ser un mero ejercicio ocioso; entiendo que sería casi imposible convertirlo en deporte competitivo, más con lo cuadrados que son los dirigentes que manejan la redonda. Pero admítanme que como entretenimiento sería muy divertido ver o participar de un juego así; asumiendo que, como pasa en la vida, nunca vas a tener la visión completa de las cosas y que tu aporte —jugada, pase, atajada, gol— es solamente un acto más, concurrente o paralelo a otros muchos que van modificando la realidad, a veces de forma drástica, otras leve, otras esperables, otras inimaginables, pero siempre contributivo a que las cosas acaben siendo distintas a cómo estaban antes de que los actos humanos pasen a través de ellas.

©JIR