tergiversares Nov23

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tergiversares

Hay que tener cuidado con los mails. Se sabe que al carecer de gestualidad y tono, el mail siempre suena 5 grados más serio de lo que es. Si escribís “hola” es mala onda, tenés que escribir “¡hola!” y mejor aún, meterle un “:D” para que se note que venís en son de paz. Si arrancás con el tema sin decir “buenos días”, suena brusco. Si al “OK” lo dejás así, lacónico, parece que algo te cayó mal. Ni hablar de ESCRIBIR TODO EN MAYUSCULA, porque parece que gritás. Más: la subjetividad del receptor distorsiona el mensaje, cargándolo de una intencionalidad que quizá no exista (el típico cola de paja). Y si a todo lo anterior, le sumás el uso de siglas, ya tenés el caldo para el mal entendido, como procedo a relatar…

Un día recibí un mail de parte de un cliente, comentándome algún aspecto del trabajo en el que estaba involucrada una ejecutiva equis. Era algo cotidiano, nada grave, ni malo, pero como acabamos de decir, al ser mail, sonaba serio. Yo –inocentemente- se lo reenvié y arriba puse “FYI”, como acto reflejo. Un ratito después, paso por su escritorio y la veo llorando en silencio, solita, con los ojos anegados en lágrimas. Obviamente me detuve y le pregunté qué le había pasado, pero se largó a gemir peor, así que me alarmé y la invité a charlar en privado, para que se desahogara. Cuando por fin pudo balbucear, me preguntó:

_ ¿Por qué me insultaste?

_ ¡¿Eh?! -respondí con los ojos abiertos- ¿Cómo te voy a insultar? ¿Cuándo te insulté? ¿Qué te dije?

_ Me reenviaste el mail de Fulano y me pusiste “Fuck you idiot

_ What?! ¡¿Dónde?!

_ Ahí, cuando decía “FYI”

 

Lo bueno de los malos momentos, es que después son buenas anécdotas, ¿no?

© JIR