ENCHASTRADOS DE VIDA Nov24

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ENCHASTRADOS DE VIDA

Acabo de encontrar esta carta que escribí y felizmente no fue necesario publicar. A medida que la leo, me voy dando cuenta del prejuicio medio agresivo que me brotaba y lo alarmado que estaba en ese momento, casi como el alegato de un convicto frente a un tribunal hostil. Lo real es que el tono a la defensiva con que fue puesta en palabras estaba bastante justificado, porque la redacté días después de saber que estábamos embarazados del sexto hijo y, ya un poco traumado por las experiencias anteriores, descontaba una granizada general de retos, burlas y preocupaciones. Dichosa sorpresa fue descubrir que sucedió lo contrario: la mayor parte de la gente se puso radiante. Hubieron, como siempre, los que insinuaron que no era una buena noticia, los que nos impugnaron gestual o verbalmente, pero fue una feliz minoría; y por eso la carta que leerán a continuación nunca tuvo razón de ser publicada. Hoy, con Emanuel ya nacido, la comparto porque quizá a alguien que esté viviendo una situación como la que temí, arreciado de regañinas, le sirva como argumento para calmar a los temerosos o cerrar la boca de los pusilánimes.

 

Enchastrados de vida.

Corremos, danzamos a los tumbos, giramos alrededor de la fogata. La primicia es que en la selva de Adriana se abre rotunda y silenciosamente, una vida. La sexta de nuestra unión.

Bastó decirlo para que muchos empezaran a bailotear más felices que por una buena cosecha o la caza de un bisonte de generosos perniles. Plantaron un incendio en medio de la noche y giran alrededor como si llevaran el sol en sus caras. Amigos de todos los colores, con diferentes cosmovisiones que la nuestra. Distintas prioridades, valores, objetivos, proyectos; que creen, piensan y viven distinto. Así de dispares son los de nuestra tribu. Dispares pero traspasados de puentes, y aunque seamos hasta opuestos, nos cruzan emociones idénticas. Son las personas que te dejan ser bienaventurado.

Sin embargo también hay gentes insólitas. Lo mencionamos sin juicio, es más bien una observación empírica. No decimos que se hayan entristecido, pero no bailan. Nos miran sin benevolencia, con la felicitación dura y socialmente obligada, internamente distantes, casi enojados y atenazados por su paradigma, tomando a su dogma como el metro patrón de todas las vidas.

_ Hola, ¡me saqué la lotería!

_ Uy, pobre. Uy, estás loco. Uy, qué arriesgado. Uy, ya pará. Uy, qué preocupación. Uy, ¿justo ahora?

Las observamos con extrañamiento y tiramos puentes que todavía no se asentaron en sus orillas. Pero no desistimos de la invitación y por eso esta carta arranca pidiendo perdón por romper otra vez los clichés demográficos y caer fuera de la campana de Gauss de lo que está de moda. Adri y yo volvemos a la línea de fuego del zarandeo cultural hacia las familias numerosas. Nos excusamos con los que nos vienen exhortando, reprendiendo o transmitiendo su “profunda preocupación” (sic) en todos los embarazos del tercer hijo en adelante.

Sabemos que aún no lo entienden, pero llovidamente hablando, nuestros días reverdecen. Disculpen si alguien creyó habernos desinfectado con lejía y azufre para matar al germen de la vocación de ser padres. Juguemos a intercambiar mentalidades, permutemos diccionarios: a lo que le dicen inconsciencia, nosotros le decimos Providencia. Ignorancia-confianza, incomodidad-felicidad, sufrir-compartir, trabajo-entrega. ¿Quién fue el embustero que nos hizo creer que la vida estorba o asusta? Los estrenos tienen que dar júbilo, amigos, regurgitemos el bolazo que nos contaron y vénganse con nosotros a bailar alrededor del fuego.

Tranquilícense los pasmados. La cara-de-haber-pateado-la-mesa-con-el-dedo-chiquito no aplica en estos casos; ese gesto se aplica para despedir a los muertos.

Relájense los calculadores: sobre el futuro sabemos que no sabemos nada. Los planes duran lo que el hielo al sol, la estabilidad no existe, las corporaciones te despiden sin miramientos, o un Madoff te birla todos tus pension funds, o lo poco que podés ahorrar se disuelve con la inflación que una exitosa abogada te jura que no existe. Seamos racionales, dejemos de calcular tanto.

Y los de la eterna pregunta —que hurga tu intimidad más íntima— de si lo buscamos, de la insinuación casi insultante de si fue un accidente… y las ganas de contestar que los accidentes son los que lastiman o matan, no los que dan vida; o si fue un descuido… y las ganas de contestar que los descuidos son cuando perdés algo, no cuando lo encontrás.

Y los que miden la vida en plata y recursos, piensen que una nueva generación es el recurso más importante que existe. ¿Para qué quieren un mundo sin gente, o colmenas sin abejas? ¿Quién tiene la sabiduría o el derecho de decidir quién sobra? Vivimos en la mejor época de la Historia para traer una persona al mundo. No sean pesimistas, que planeta abunda, lo que escasea es generosidad y un poco de ingenio para hacerlo rendir.

Despreocúpense quienes sospechan que somos irresponsables; si tenemos seis niños no es por ignorancia. Creemos que la responsabilidad no se mide por el número de hijos, sino por lo que uno hace con ellos. Perdonen, pero eso de “pocos hijos para darles mucho” es una estupidez, seguramente inventada por algún ignorante que no sabe lo mucho que se le puede dar a muchos hijos. De paso, muchachos, ¿qué forma es ésa de hablar sobre alguien que viene a ser una chance para esta humanidad tan necesitada de ellas? Griten con nosotros ¡Resistí, mundo, que ya llegan los refuerzos!

Vivir es vivir sin miedo, gente querida, cuando menos te lo esperás la vida te vuela la peluca de las proyecciones; ¿qué sentido tiene incomodarse? ¿Quién tiene la certeza del timing oportuno para las cosas? Quizá el peor momento sea el momento óptimo. Seamos inteligentes: tengamos fe porque Dios tiene planes. No sabemos ustedes, pero nosotros ya desistimos de oponernos a la pleamar de todo lo que existe, sabemos que nuestras brazadas son irrisorias frente a la marea; hacemos todo lo que está en nuestras manos para hacer lo que podemos, pero abandonados, aceptando lo inesperado y acogiendo lo no buscado. Locura para algunos, mas se vive mejor, porque al final todo desagua en canto y baile. Y cuando el niño germine lleno de ojos y manos, de pies y ombligos y labios, ahí seguro que —si a alguien todavía le duran— se le disolverán las aprensiones. Y a que nadie tendrá los cojones de explicarle al tipo —el día en que lo entienda y mirándolo a los ojos— que le expresó a sus padres su “más sincera preocupación” (sic) por su existencia. A ver qué le contesta, o si se encoge de hombros y se va a hacer otra cosa, pensando que hay gente rara que piensa que, para ser bienvenida, otra gente debería venir validada con cálculos, cronómetros y triple sello de la autoridad competente.

Sí, lo inesperado descoloca, a nosotros también, ¿para qué les vamos a mentir, si cuando vimos el Evatest nos preguntamos “Dios mío, ¿no te parece que éste es el momento menos apropiado para regalarnos otro hijo?”? Nos acabábamos de mudar, con todos los líos, poco trabajo y menos fuerzas. Pero, zonzos de nosotros, nos llovió más entusiasmo que miedo y nos aflojamos apoyados en ese plan cósmico, mucho más grande que nuestra minúscula visión, cuya máxima perspectiva es como ver por el interior de una pajita. Nadie está para esterilizar ni cuestionar la chance de otro. Maravilla saber que alguien que durmió durante tanto tiempo el sueño de la inexistencia, ahora empieza a existir gracias a uno, y siempre es en el mejor momento.

El que quiera hacer el chiste del televisor, sepa que no ofende. Lo que entristece un poco es la lapidación con la falta de empatía. Miren este loco disparate: si tenés 20 gatos en los que gastás miles de pesos al mes, o tenés una familia de 4 personas viviendo en una casa donde cabrían 12, no se te puede objetar nada. Pero si querés tener un hijo (dije “querés tener”) muchos salen a opinar con una impertinencia admirable. Hay proyectos de vida y proyectos de vida, muchachos. Cada uno elige el suyo y en qué pone su energía y su tiempo. ¿Quién dijo que el molde de uno se debe aplicar a todos? Si nuestra vocación es hacer una familia, ¿qué tiene de censurable? ¿Por qué existe el cliché de que si uno se dedica a cuidar, formar y acompañar a unos seres humanitos, merece más reprobación que acogimiento?

Les vamos a contar una cosa graciosa que quizá nunca experimentaron porque no estuvieron en nuestro lugar, algo que ahora nos divierte pero al principio nos afligía: la degradación notoria en las caras cuando vas contando las noticias de tus embarazos. Con el primero, son todas albricias y felicitaciones; con el segundo, una suerte de satisfacción por el número par (ni hablar de si es la parejita, el sueño del hombre medio). Con el tercero ya se empiezan a preocupar por esa carencia anatómica que la estúpida evolución nos negó, el tercer brazo. Con el cuarto, que el auto ya no te sirve; con el quinto, un llamado conminatorio a detenerte —cuando no un reto o enojo liso y llano— y con el sexto, no sé, ustedes dirán, somos nuevos en esto. Hay una mutación loca e inexplicable de considerar a los primeros hijos como bendiciones y a los últimos como poco menos que enfermedades. Ya veteranos en gestos, estas caras nos entretienen y además, al que viene le resbalan; si hablara diría Me importa un pito que se les frunza la cara, yo vengo de todas formas.

Gracias sinceras a los intranquilos por nuestras energías. Es cierto que durante los primeros meses los cachorros humanos rompen la calma de la noche y durante la escolaridad obligan a asistir a reuniones de padres y cosas peores. Llevaremos por un tiempo las ojeras de los insomnios, pero tampoco es para vanagloriarse, no es algo que pulverice los huesos; se sobrevive sin ser un héroe.

Estamos medio apurados por terminar esta carta porque nos esperan en la fogata. Deseamos cerrarla diciéndoles que los queremos mucho, y pidiéndoles que confíen en nuestra alegría, en que hay una lógica distinta a la del prisma con el que calibran al mundo. Estos no son días de corazones herméticos, si nos hermanamos en tragedias con más razón hermanémonos en felicidades, seamos igual de hermanos para las dos cosas. Queremos que se regocijen con nosotros, imagínense al que viene ya venido, dejen los recelos y las piedras y vengan a unirse al coro de las almas que cantan, porque con este niño en camino, llovidamente hablando, también ustedes reverdecen.

Atentamente,

Pau, Lu, Emi, Betu, Toki, el que viene, Adri y Juani.

©JIR