Ahogarse o no Ago23

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Ahogarse o no

¿Cuál es la frase opuesta a “Ahogarse en un vaso de agua”? ¿Surfear el tsunami? ¿Emerger del remolino? ¿Caminar sobre las olas? Quizá éstas y seguramente muchas otras que se les ocurran. Apunta a describir el gen de saber resolver los problemas por sí mismo, sin redelegarlos, llorar, poner excusas infantiles, quejarse o hacerse el gil para que otros los resuelvan. El gen de ser un entusiasta aprendiz crónico que incorpora conocimiento a medida que lo necesita y genera hipótesis y escenarios cuando se encuentra con un bolonqui.

Atenti: nadie nace sabiendo todo. La ignorancia no debería darnos vergüenza, porque no tenemos ciencia infusa; arrancamos con la mente en blanco. Además, a diario nos enfrentamos con nuevos problemas y situaciones complejas que no tienen una resolución obvia. Pero, personalmente creo que lo que sí debería avergonzarnos es ni siquiera intentar resolverlos o averiguar por nuestros propios medios y ponernos a pensar con sentido común para tirar un par de opciones de resolución. No nacemos sabiendo, pero tampoco somos (tan) tontos. Porque una cosa es no saber y otra es no intentar ni querer, que finalmente, es no poder.

¿Cómo catalogar al que se ahoga en un vaso de agua? Pienso que hay dos categorías, los que se ahogan en serio y los que simulan.

Los que se ahogan en serio:

  • El inmaduro, que tiene mucho atenuante, ya que le falta crecer. Un junior, naturalmente se atasca en una situación que para un senior es sencillísima. La solución es enseñarle y esperar a que haga experiencia.

  • El miedoso, donde el tema es un poco más complejo. La solución es infundirle confianza y que compruebe que realmente puede resolver las cosas sin muletas.

  • El autocompasivo, donde también hay un tema medio profundón, de alguien que a) cree que no puede, b) entonces efectivamente no puede, c) hace un círculo vicioso de su impotencia y d) además, se compadece a sí mismo quedándose en un lugar de víctima.

Los que simulan:

  • El vivo, donde hay un tema de actitud, porque es un manipulador: quiere que otro le haga el laburo: dice que no sabe, o lo hace a medias esperando que se lo corrijan y terminen. La solución es obligarlo a resolverlo completamente sin redelegarlo.

  • El vago; bueno, mejor no tener a gente así al lado.

Atado a lo anterior, ¿cómo liderar a alguien que tiende al ahogo vasístico? Teniendo la premisa de que queremos que la gente piense por sí misma y no que dependa de nuestra limitada capacidad y más limitado tiempo, se me ocurren cuatro caminos, que hay que aplicar con amabilidad pero con firmeza.

  • Cuando viene el pelotazo o consulta ridícula, devolverlo: ¿Vos qué harías? ¿Se te ocurre alguna opción? Pensate algunas soluciones y las charlamos. Etcétera. Siempre dando a entender que nos importa que antes de pedir ayuda haya usado la cabeza. Es la única forma de que alguien madure como profesional y agregue valor al equipo. Entendamos: si la persona es inteligente, tiene que resolverlo o pensar alternativas; si no, no tengamos a esa persona.

  • Si te viene algo hecho hasta ahí, donde la persona asume que vos le vas a corregir los errores que ella debió ver, se devuelve con indicaciones claras, para que los resuelva esta vez. Y las que vienen. Se trata de dejar en claro el estándar de calidad antes de pasar un laburo; porque pasarlo a medias es lo mismo que redelegarlo o decir “no me importa”.

  • Si es algo recurrente, por inseguridad, lo mejor es tener una charla en profundidad: preguntarle las causas de sus temores (miedo al error, al castigo, a fallar, vaya a saber uno) y tratar de entender. Luego, explicar que si la contrataste es porque confiás en ella y que tiene poder de decidir -y esperás que lo haga- entre tal y tal margen.

  • Si es algo recurrente por pereza mental, desinterés o desidia, también se aplica la charla en profundidad: explicarle claramente qué pretendés de su labor, que el control de calidad lo haga ella y qué no se puede aceptar.

 

Esto también se aplica a proveedores, más si son especialistas en lo suyo, donde más que nunca esperás que te resuelvan algo que vos no sabés hacer. Y ¡obviamente! se aplica a clientes, cuando tenemos que exigir que nos envían las cosas completas, y lo más ordenadas posibles.

¿Por qué hay gente con tendencia a ahogarse en un vaso de agua? Sin meterme a psicólogo supongo que una forma infalible de fabricar gente así es educarla desde chicos como ñoños sin disciplina, desafíos ni metas. O bien, castigarlos desproporcionadamente si se equivocan. O no dejarlos explorar con un riesgo calculado para que metan la pata y aprendan solos. Sobreprotegerlos los hace inseguros, caprichosos y atrofiados, siempre necesitados de alguien.

 

La teoría de Blanquita, la mucama.

Sí, quizá sea una especie de postulado extraño que tengo, pero les juro que tiene comprobación estadística en mi caso: mucha gente que se crió con padres laxos y mucama solícita, suele ahogarse en un vaso de agua. Si además tuvo cocinera, niñera y maestra particular, ni hablar. Es gente que se acostumbró a abrir los cajones y encontrar todas las medias con sus pares, a tirar los juguetes y que alguien se los recogiera y a hacer caprichos y a que alguien les hiciera caso. Todo lo encontraron resuelto y nunca supieron cómo se resolvió. Ante algo que les desagradaba, pegaban el grito y Blanquita lo resolvía. Y cuando se enfrentan al mundo real, inconscientemente necesitan de Blanquita (pueden encarnarla en un jefe o un compañero) y acuden a ella, porque si no, no pueden.

Además, suele ser gente que ante el menor esfuerzo extra, ya se queja, reclama, se ofusca y usa las frases “no hay derecho” y “es un horror”, pide que la “alivien” de todo lo que tiene para hacer. Y es simpático, porque sus compañeros tienen igual o más laburo y resuelven las cosas con mucha más calidad y menos desgaste emocional para sí y para los que los rodean.

Insisto: no digo que sea generalizado y es medio freak preguntarlo en una entrevista, pero cuidado… ante la duda, mejor el pibe que se hizo de abajo sin mucamas.

 

Una radiografía

_ ¡Estoy desesperado, el cliente me pidió esto y nunca lo hice, ¿qué hago?!

_ Yo tampoco lo hice, vamos a googlearlo y ver cómo se resuelve.

Vas a Google, ponés “cómo hacer tal cosa” y te aparecen 5 tutoriales, 9 videos, 15 blogs y 20 sitios que te lo explican.

Analicemos qué interesante:

  1. Ambas personas eran ignorantes, no sabían cómo hacer algo.

  2. Ambas personas contaban con el mismo recurso a mano (Google).

  3. Una no vio el recurso, levantó la bandera de SOS y la otra lo resolvió, de forma autodidacta.

Parece un ejemplo simple, sin embargo muestra las dos actitudes: ahogarse en un vaso de agua versus caminar sobre las olas. Es un claro indicador el hecho de que, cuando alguien tiene un problema o se enfrenta a algo que no sabe hacer, busca solo las herramientas para salir.

Amén de que ahogarse es un tremendo metamensaje para todos los costados: jefes, compañeros, clientes y colaboradores; con un poco de empatía es fácil de entender lo que despiertan las dos actitudes en sus compañeros de equipo. Miren:

El colaborador (o proveedor) que…

  1. … te trae cada problema para que vos se lo resuelvas o te preguntas cosas obvias que podría haber pensado él, te desgasta, es una piedra.

  2. … te dice “no sé hacerlo pero dejá que lo resuelvo, olvidate” y lo trae resuelto, es un groso.

  3. … te dice “pintó este problema y pensé tres soluciones posibles, te las comparto y te cuento las ventajas y desventajas de cada una” es Muhamad Alí antes del Parkinson.

  4. … te dice “Pasó tal cosa, pero había previsto este plan B para el caso que sucediera, y ahora paso a aplicarlo” es Rocky + Einstein + Sailor Moon.

 

Todos somos médicos

Algo que admiro de los médicos es que siempre están estudiando. Si bien el cuerpo humano es el mismo que hace 100.000 años, las técnicas para curarlo cambian y el médico que no se actualiza, fue. ¿Por qué las demás profesiones no tenemos esa impronta, si en algunas -como la comunicación- los paradigmas cambian a velocidad inalcanzable? No sé.

Creo que el secreto para caminar sobre las olas tiene dos ingredientes: el primero, tratar de crecer en madurez, liderazgo y temple. Forjar la autoestima y demostrar (nos) que podemos y queremos resolver las cosas sin muletas, ser realmente valiosos para nuestros compañeros y clientes. El segundo, como dijimos al principio, convertirnos en autodidactas endémicos. Cada uno sabrá el método que le sirva, pero no deberíamos dejar de aprender a diario de todo lo que hace a nuestra profesión. Omitir esto nos convertirá rápidamente en personas desinformadas, desactualizadas e… inseguras.

Cierro con una anécdota de una jefa que tuve -Adriana- en los escasos meses en que trabajé en un banco. Teníamos que averiguar la cantidad de cajas de seguridad que tenían las sucursales de un competidor y se imaginarán que no es algo que se obtenga tan fácil. Yo no podía imaginar una solución, y hasta le propuse al gerente de marketing que contratáramos una investigación de mercado (¿?) o llamáramos al Banco Central a ver si nos daban el dato, a lo cual me sacó carpiendo porque era imposible y me dejó más inseguro que antes. Pero Adriana, ante el mismo problema, pensó con creatividad y audacia; reproduzco la escena:

_ ¿Cómo se llama la mayor de tus hermanas?

_ María Paz. -Respondí.

_ Genial.

Tomó una guía de las sucursales del competidor y llamó a la primera de la lista:

_ Hola, soy María Paz, de casa central, ¿cómo estás? Tenemos un problema con la base de datos de productos y tengo que relevar todas las cajas de seguridad de las sucursales, imaginate. ¿Vos me podrías decir cuántas tienen ahí?

Una vez que le dieron el dato, tachó la sucursal, me pasó la lista y me dijo:

_ Ahora inventate un nombre y seguí vos.

©JIR