DOS TIPOS DE TIPO Jun21

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DOS TIPOS DE TIPO

Tipo 1: del que visita un país y sienta doctrina.

Un señor va a, ponele, Camboriú a pasar sus dos semanas de vacaciones. Vuelve y transmite que los brasileros / en Brasil / el brasilero y toda anécdota o descubrimiento es general, categórico, abarcativo de la totalidad de la nación. Habla con profundidad y amplitud. Profundidad porque regresa siendo un perito en la idiosincrasia del país, maneja las sutilezas de los resortes psicosociales de la conducta y la amalgama cultural; en quince días ha interpretado el Brasil profundo. Amplitud, porque lo extiende a toda la realidad. “Los brasileros son muy familieros”, “En Brasil el pan no es tan rico como acá”, “El brasilero maneja atrevido, se cree Ayrton Senna”. Lo que vio se aplica a los 8 millones 600 mil km2 de Brasil y a los 197 millones de seres que los habitan, incluyendo las tribus no cartografiadas de la Amazonia.

Desatiende el hecho de que el camboriuense podría ser diferente al paulista, al carioca o al soteropolitano. Inclusive desdeña el hecho de que en los distintos barrios de una misma ciudad, la gente pudiera no ser igual. Pero los viajes producen cronistas expertos. Y ni se te ocurra relativizar una insignificancia porque vos no fuiste a Camboriú y por lo tanto, no conocés Brasil.

 

Tipo 2: del antisistema paradojal.

El chico o chica que combate a las corporaciones en particular y al capitalismo en general posteando en su muro de Facebook o repudiando en Twitter, usando una computadora con procesador Intel, que corre Windows o, peor, Mac, conectada a internet mediante algún router Cisco, en la cual probablemente googlee veinte veces al día y quizá hasta escriba un combativo blog llamado “Resistiendo la Alienación”, hosteado en Blogger. Hay alta probabilidad de que tenga un celular Motorola, Sony, Samsung, LG u -ojalá que no- iPhone, donde whatsapee y coordine acciones militantes con la orga y sus cumpas. Omitiremos el hecho de que vista algún que otro jean o trabaje en cualquier empresa de capitales privados para costearse la vida, o en alguna dependencia estatal que se financie con los impuestos que le cobran a los ciudadanos y las empresas privadas.

Y el chico o chica tan campante con su lucha antisistema, sin sentir el menor tufillo a cosa absurda o incoherente, con empecinamiento de célula cancerígena, que manduca desde dentro al cuerpo que la aloja, pero que si cumple su cometido, también se muere.

Tan fácil sería disolver toda la ironía de su vida; sólo bastaría con renunciar a esos engendros del capitalismo y combartir la guerra cultural con armas genuinamente opuestas, como por ejemplo, enviar una carta de lectores a Granma, transportada por algún barco de Corea del Norte o la ex Unión Soviética (no sea cosa que vaya por correo aéreo y viaje en Boeing) y ahí sí, ya fuera del perverso sistema, desahogar todos sus postulados. Si tiene suerte y el compañero Fidel no se despachó con alguna columna geopolítica que ocupe las tres primeras páginas, se la publican seguro.

©JIR