inquisidor mío May15

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inquisidor mío

Si pasan el mouse por arriba del menú de este site, en la sección RAZONES aparecerá la frase “De algunos pensamientos contra la corriente imperante”. Hay ocasiones en donde me gustaría cambiarla por “De algunos asuntos que me las tienen al plato”, pero entiendo que semejante sinceridad es poco fina.

Este post encuadra perfecto dentro de esta segunda frase y es sobre toda la reyerta de género que se fragua en los medios, redes sociales y reuniones y que, poco finamente, me las tiene al plato. En concreto, la inquisición gay que rebusca el átomo de homofobia en cualquier cosa que se escriba, se diga o se haga, y cuando cree descubrirlo, cae con la antorcha a condenar como discriminador o ignorante a quien fuere y lo incinera en la plaza pública.

¿Quién puede negar que somos libres y nadie se puede meter en la afectividad del otro, y menos infravalorar a un ser humano por su orientación sexual? Pero, ¿estamos de acuerdo en que la militancia ya aburrió y el complejo persecutorio y su accionar -la condena pública- ya se caricaturizó? No sólo por el desgaste y dichos ridículos de sus voceros más pintorescos como Lubertino y Alex Freyre, sino por los múltiples militantes que pululan en las redes sociales, que no se conforman con vivir su afectividad madura y tranquilamente, sino que salen a pavonearse y cazar supuestos discriminadores. No sé ustedes, pero en mi caso, a esta sensación de tenerlas al plato la vengo padeciendo desde hace un tiempo, aunque sólo días atrás me cayó la ficha concreta, cuando una persona querida de Facebook me hizo notar que en un texto equis yo había escrito “el” travesti en vez de “la” travesti. Como enfermito que soy, consulté con toda inocencia en el Diccionario de la Lengua para ver la forma correcta y éste decía que si la persona era de sexo masculino, era “el” y si femenino, “la”. Pero, iluso de mí, la cuestión no pasaba por la semántica sino por la ideología y sin saberlo, había violado la “percepción subjetiva de género” de la persona travestida. Dicho de otra forma, si el varón se siente mujer, según los inquisidores, el artículo correcto sería “la”. Y si no, sos bruto o peor.

Sin enjuiciar a nadie, tiro una de sentido común: si, basándonos en su “percepción subjetiva”, la persona se siente gato, perro o pez, ¿hay que decirle Michi, Fido o Nemo y tratarla como tales? ¿Es discriminador o insultante escribir “el” si anatómica y fisiológicamente es varón? Insisto, señores de la policía semiótica: no estoy juzgando, ni menos bromeando. Respeto que la persona se sienta como se sienta, pero ver el tema de otra manera no implica condena ni ataque.

¡Es subjetivo, es relativo!” me grita uno. Opino que no, pero dale, ¿jugamos a que sí? En tal caso, tu subjetividad y mi subjetividad se neutralizan mutuamente, capo. Nada puede hacer que una prevalezca sobre la otra porque ninguna se basa en un criterio de verdad. Ahora, si queremos ver cuál de las dos se arrima a algo parecido a la objetividad, tenemos que recurrir al afuera, a la realidad; es la única opción. Y ahí nos tomamos todas las birras que quieras y charlamos si el artículo es “el” o “la”.

Aunque hablo desde mí, creo que la gran mayoría de la gente acepta naturalmente y valora a las personas de cualquier orientación sexual, y no le molesta el amor o la vivencia gay o trans. Lo que sí causa perplejidad es la inquisición militante. Tengo la impresión de que estamos en un péndulo, y pasamos de ocultar y discriminar a querer imponer y perseguir al que no aplaude. Sé que las modas culturales son oscilantes; solamente que a mí me marean un poco cuando el péndulo está en uno de los extremos del recorrido. Percibo una mezcla de hipersensibilidad o complejo persecutorio y una sobrereacción que, cuando decreta que estás en falta, exige un acto de fe y adhesión pública muy fascistas.

¿Somos libres? Por supuesto, cada uno es y hace de su vida lo que quiere, y será el único responsable de lo que elige; así nos creó Dios, menos mal. ¿Somos diversos? ¡Claro! Por eso, justamente en la diversidad puede manifestarse el respeto, porque si todo fuera igualdad no sería necesario. Pienso que los inquisidores no registran algo muy simple: la persona madura entiende –y se banca– que haya distintos puntos de vista y haya que aceptarlos a todos, los comparta o no, les gusten o no, sin condenarlos. ¿Qué se le va a hacer? Vivimos y elegimos diferentes caminos en la vida y tenemos distintos sistemas de valores. Y hermosa cosa es encontrarnos profundamente en aquellos que compartimos, y respetarnos en aquellos en los que no. Y aún más hermosa cosa es trascender el respeto y querer al otro con toda el alma, incondicionalmente.


Listo, era eso nomás; gracias por la paciencia de leer mi catarsis. Alivianémonos, gente: los que se quieren, que se quieran; los paranoicos, que se relajen; y los inquisidores, que apaguen la tea. Caso contrario, nos vamos a terminar reencontrando, estúpidamente, con el fuego del que creíamos estar escapando.

©JIR