GEORGE Nov28

Tags

Related Posts

Share This

GEORGE

Me llamó la atención ese hombre feo que no tenía micrófono y que, cuando le tocaba hacer un coro, usaba el del hombre lindo a su derecha. Lo consideré una injusticia, ¿qué les costaba poner un micrófono más, si los otros dos disfrutaban del suyo? Quizá haya tenido cuatro o cinco años, y ése es el recuerdo más temprano que tengo de George: acercándose al micrófono de Paul, porque el de John parecía exclusivo suyo. Y aun carente, sonriendo entusiasmado cuando coreaba en los estribillos. De esa piedad nació mi amor. Lo veía desvalido comparado con los otros tres. Sin la dulzura cachetona de McCartney ni la desafiante acidez de Lennon. Ni siquiera con la extravagancia de Starr, a quien hasta su nariz desorbitada le daba hechizo. Una cara insípida, desprovista de seducción infantil (Paul) o mirada de gavilán (John) o de inmadurez (Ringo, que además embutía chistes adolescentes en las conferencias de prensa, cuando él apenas si podía meter bocado y reírse de las bromas de sus amigos). Jamás le escuché tirar un remate o cita célebre en un reportaje. Me pasaba que, cuando iba a una casa, buscaba discos de Los Beatles, leía las autorías y en casi todas las canciones decía “Lennon-McCartney”. De Ringo no esperaba algo, bastaban su cabeceo y sus anillos. Pero en la escasa producción de George adivinaba decenas de canciones lindas que no veían la luz -quizá él las menospreciaba y descartaba en secreto- porque no se medían con las maravillas de sus compañeros. Son hipótesis mías, ojo. Me recuerdo repasando fotos y viéndolo desangelado, con  un aura modesta. En un pasado imaginario pero no improbable lo representaba atendiendo el mostrador de una mercería, quizá soltero, eludido por las mujeres. Metido en su tiempo, lo veo sabiendo que, comparado con los genios que lo flanquean, sus musas son flacas. Las compensa con horas de búsqueda; carece del ángel nocturno que le dicta Yesterday a Paul mientras duerme, o del talento genético de John. Ellos parecen tener una varita zahorí para encontrar joyas eternas con poco esfuerzo. Él trabaja, y de entre las toneladas de horas, desentierra sus diamantitos. Su magia es el esfuerzo. Y, en una de esas vetas, crea mi canción preferida, Here comes the sun, con una lírica que hasta podría ser ingenua, conformista, desinspirada. Poco me importa, el sol tampoco es una epifanía y quién podría vivir sin él.

Mientras Los Beatles incorporan dos nuevos integrantes -los egos de John y Paul- George concilia. Es una sutura entre las fuerzas que empujan a la década inmortal hacia su muerte. Después se me mudó al Liverpool que no pasa. Y dejó una profecía que se cumplirá a diario hasta el fin del mundo, la de que aquí viene el sol; aquí, allá y en todos lados.

©JIR