clamor Jul27

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clamor

Cada día tiene su y por si fuera poco. E imaginate si llegás a esa conclusión apenas abrís los ojos, apenas está amaneciendo, apenas desembarcás en la vigilia. Feliz o infausto, qué más da, en todo caso es demasiado temprano para el y por si fuera poco de la jornada.

No te voy a pedir comprensión, te estoy pidiendo atención: ya sé que estás en lo macro, y lo micro -la vida, en fin- en ocasiones se te pasa. De las infelicidades posibles, ignorar lo que está sucediendo por planificar lo que podría suceder, es una de las más refinadas. Aunque sé que la gente te respeta por eso, la empresa te paga un sueldazo y yo ya viví lo suficiente como para haber aprendido a transigir con tus quehaceres. Pero con ella no me resigno. Ella no sé a qué se dedica, a pesar de conocerla desde que nací. En serio, sabés que no tengo aptitud para el resentimiento, es pura y simple curiosidad. Paso horas atento a la sonoridad de su voz, de sus pasos, y cuando la escucho venir -la huelo venir, a veces- me emociono todo, por un instante revivo y la veo adorable, trato de dar lo mejor de mí, hasta sobreactúo y siento taquicardia, con todos mis instintos electrizados, chillándome desesperados que ese es el momento -el momento- decisivo en donde puedo ganar una deferencia de su parte. Trato de interceptar mis ojos con los suyos, le cuento chistes que en otras ocasiones la hacían reír, o frases que alguna vez la enternecieron; pero está muy ida. Apenas me mira, cumple con su tarea lo más rápido que puede y sigue con lo que sea que hace. Te imaginarás que después de cada episodio quedo extenuado y atónito, como alguien que pasa semanas preparando su cumpleaños, y en el día de la fiesta, ningún invitado aparece. Ya ni siquiera me duele, es más bien un abatimiento de astros, un cansancio de gliptodontes.

Perdón si soy un engorro, tal vez sea el menos indicado para reclamar. Tengo que aceptar que ustedes viven en un presente distinto: el mío es un aquí y ahora, y el suyo un prólogo de lo que está viniendo. Y conste que no es juicio de valor, es saber diferenciar las cosas.

Ay, está regresando ese dolor de pulmones, ya termino, pues. Quería decirles que, en momentos como este, libro una lucha de sumo mental, potentísima, decidiendo entre insistir o abandonarme para siempre. Si persevero es porque, por ahora, elijo luchar. Me nace un ardor que me impulsa a darles otra oportunidad; no es un fuego como el que conocen, éste empieza de adentro, desde los huesos, se inflama, me crece como un incendio y me estalla en la boca. Quisiera no tener que molestarlos nunca, y lo haría, si no fuera un bebé y supiera hablar, en vez de estar llorando hace diez minutos porque me martiriza un cólico, y por si fuera poco, con el pañal todo sucio.

©JIR