fariseísmo Jul13

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fariseísmo

Imagino una escena, hace 30.000 años: la noche es negrísima y por la cúpula marcha el enigmático pero siempre amable ejército de estrellas. Sobre el mundo congelado sopla el viento de la última glaciación. En la gruta, toda la tribu duerme entre sus pieles, menos uno, que permanece en vela. El chamán Neandertal mira abismado las llamas en un cuenquito de grasa líquida de reno. Aunque puede invocarlo, no sabe qué es el fuego, ese espíritu misterioso que da luz, abriga, asa y puede dañar. Hace días que se viene sintiendo ectópico, diferente a los otros, percibiendo que una idea se le estira adentro; y ahí, frente al fuego, la comprensión lo envuelve como las avalanchas de nieve: se le iluminan los ojos. Desde siempre ha venido gozando de la confianza de la tribu, porque interpreta los astros y predice el comportamiento de las manadas; además, maneja una farmacopea de hierbas para curar cazadores heridos. Descifra en qué fase de la luna sangrarán las mujeres, lee los movimientos de las ascuas y transmite lo que las apariciones quieren comunicar. Mientras otros lloran o gritan, él pinta de rojo el rostro de los muertos para darles vida en el vientre de la tierra. Y todo eso lo hace único, respetable. Solamente él es la puerta a un mundo mágico tan necesario para la supervivencia del grupo. En ese instante de revelación, toma una decisión consciente. A partir del amanecer, empieza a usar la confianza y cariño que le tienen, como método de dominación, negocio y poder. Deja de ser servidor de los suyos y se convierte en opresor. Al principio, el despotismo es sutil, la tribu lo acepta, pero a medida que pasa el tiempo, se hace más intenso y la sumisión se acentúa, por miedo al castigo. El temor reemplaza al amor. Mientras su supremacía crece, el chamán pierde el respeto hacia los espíritus y ya no quiere ser un mero intérprete, sino su amo. Los reemplaza, los vacía. Exige a los suyos que los veneren y los sirvan, pero, en su fuero íntimo, él los desprecia. Como es una persona que realmente sabe, se enseñorea del destino del clan y sus individuos, a la vez que deshabita de sentido a su tarea sagrada. Fin de la escena. Ese chamán fue el primer fariseo.


Corruptio optimi quae est pessima”, o “La corrupción de lo mejor es la peor”. Si a todo cuerpo sano hay una corrupción que se le corresponde, el fariseísmo es la corrupción de la pureza religiosa. Ni siquiera su degradación, es algo más profundo: es su desnaturalización. Sí, es más grave que la máxima de Carlitos Marx sobre el opio de los pueblos. Y como quise compartir con la escena del chamán, no es algo nuevo, ni de la secta de los fariseos de la época de Cristo, ni de la Iglesia Católica. Se da en todas las religiones del mundo, cuando quienes deberían dar testimonio, las vacían y con hipocresía las convierten en exactamente lo contrario a lo que deberían ser: liberadoras del hombre y unitivas con la divinidad.

En el post anterior hablamos sobre Jesús de Nazaret, quién fue, qué dijo y qué hizo. Pero alguien así no podía pasar sin atraerse enemigos, y parafraseando a Castellani, si se pudiera resumir en una línea la vida, palabra y obra de este hombre, sería “luchó contra los fariseos” o mejor, “luchó contra el fariseísmo”.

En ese sentido, las escenas que narra el Evangelio son impactantes. Se ve claramente que los enemigos de Jesús no fueron ni los pecadores, adúlteros, ladrones, endemoniados o publicanos. Ellos son justamente a quienes viene a amar, sanar y salvar, como buen pastor. Los enemigos mortales son los hipócritas. Los soberbios que creen que no necesitan ser amados, sanados y salvados, y al mismo tiempo, juzgan como basura y pecadores a todos los demás, mientras ellos se muestran buenos en público y se comportan mal en privado, o lucrando con la espiritualidad. Notemos que Jesús ni siquiera va contra la debilidad o un tropiezo circunstancial, sino contra el cinismo de la doble vida. A los fariseos dedica las invectivas más duras que se pueden leer: “sepulcros blanqueados”, “raza de víboras”, “mentirosos”, “asesinos”, “hijos del diablo”, “ciegos”. Palo y palo y palo. ¿Por qué tanta dureza de un Dios que es amor? Justamente por eso: porque los golpes eran proporcionales a la callosidad de sus corazones. Busca romper ese muro de arrogancia, despertarlos, porque habían falseado al amor, embutiéndolo en miles de observancias y normas sin sentido que atosigaban a la gente. Jesús golpea con sus palabras para librar a los líderes religiosos de ese veneno que ellos mismos se habían inoculado. A muchos de ellos, que realmente viven con sinceridad, los trata con su habitual amabilidad y hasta los elogia. Mas al resto los atiza sin descanso. Porque conocían la Ley desde niños; quería hacerles ver el espíritu de esa Ley, pero ellos preferían usarla y no vivirla, porque les daba poder y riqueza. Se decían guardianes celosos de la Ley de Dios, pero en realidad, se comportaban como sus dueños, usándola para el lucro y la dominación.

Continuando con Castellani, según él, los siete grados del fariseísmo (o degradación del amor de Dios) son los siguientes:

  1. La religión se vuelve exterior y ostentatoria.
  2. La religión se vuelve rutina y oficio.
  3. La religión se vuelve negocio.
  4. La religión se vuelve poder o influencia, medio de dominar al prójimo.
  5. Aversión a los que son auténticamente religiosos.
  6. Persecución a los que son religiosos de veras.
  7. Sacrilegio y homicidio. Así le fue al pobre Jesús.


Él era la Verdad, no podía soportar la mentira: conocía lo que había en el corazón de las personas y cuáles eran sus verdaderas intenciones. Si hubieran estado confundidos o autoengañados, los hubiera despertado, pero eran conscientes de su falsedad y no querían ser delatados. Por tal motivo, y porque sabía que el gran peligro de la religión anida dentro de ella, fue implacable contra los hipócritas que disponían de Dios.

 

Explicación del motivo de este post, aparentemente descolgado.

Sirve como eslabón entre el primero -que habla de Jesucristo- y el que viene -que habla de la Iglesia que Él fundó-. ¿Y para qué se necesita un eslabón? Pienso que para distinguir a la verdadera religión de su caricatura monstruosa, poder diferenciar el rostro de la mortaja. A veces, veo muchos amigos queridos que se asquean de la hipocresía (y bien que hacen) y se alejan del amor de Dios, escandalizados de esos anti testimonios, porque piensan que eso es toda la realidad, cuando lo que están viendo es su desfiguración, además, parcial.

Hay que asumir con claridad que en la Iglesia hubo, hay y habrá algunos de sus miembros que se comporten como fariseos y ladrones. Muchas veces han sido la causa de que ella se convirtiera en el principal obstáculo para fe, y de la pérdida de su hermosura interna para tantas personas buenas. Y sin embargo, ni el fariseísmo ni nada podrán destruirla. Jamás. ¿Y por qué? Bueno, justamente ese es el tema del post que sigue a continuación.

©JIR