el misterio Jul06

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el misterio

Al menos entiendo por qué no entiendo.

Díganme si esto no es 100% lógico: si hablamos de algo por definición infinito, y siendo nuestra mente finita, es razonable entonces que haya cosas que sean superiores al entendimiento humano. En otras palabras: que rebasen nuestra capacidad de comprender, imaginar o concebir. ¿Este razonamiento es correcto, o no? Podemos discutir si existe algo por definición infinito, todo lo que quieran. Pero si asumimos que sí, entonces es natural que exista lo que llamamos “misterio”. ¿Y qué es misterio? La interpretación personal que arriesgo sería: “una verdad o realidad que supera nuestra razón, pero no es contraria a la razón (ni imposible ni absurda) y que así y todo, aceptamos a diario, dándola como válida”.


De paso, es bueno aclarar que el misterio no es exclusivo de lo religioso, o sobrenatural, digamos. También hay misterios naturales, por llamarlos así. ¿Ejemplos? Cualquier verdad que, en tanto individuos, no entendamos o no podamos comprobar por nuestros propios medios y tengamos que creer sin más, con fe natural. El resultado de una cuenta difícil -le creemos al matemático que creó la calculadora- el diámetro de Marte -le creemos a la astrónomo de la NASA- la existencia y comportamiento del electrón -le creemos a un científico- la edad en que murió Ramsés II -le creemos a un historiador- y cualquier otra verdad que, (repito) en tanto individuos, esté más allá de nuestras posibilidades de constatación fáctica o razonamiento.

Si se preguntan si es lógico admitir que haya misterios sobrenaturales, vuelvo a la lógica del principio: si hablamos de algo infinito -Dios- estamos hablando de algo ilimitado. Si cupiera en nuestro entendimiento, ya no sería infinito, sino finito, limitado. Entonces ya no sería Dios, porque Dios tiene que ser infinito, o no sería tal. Por lo tanto, es lógico que muchas verdades sobre Dios sean superadoras de nuestra razón, y por lo tanto, misteriosas. En este caso, estas verdades no solamente serían inalcanzables en tanto individuos, sino también en tanto especie humana.


Pero si a las verdades de los misterios no las podemos alcanzar con nuestros propios medios, ¿cómo podemos llegar a conocerlas? Muy fácil: porque alguien con autoridad en la materia nos las revela. Ya vimos los ejemplos de la calculadora, el científico, etcétera. Y en el caso de las verdades divinas, porque Dios nos las revela. La existencia está llena de misterios y nosotros vamos tan campantes aceptándolos y afirmando algunas de esas verdades, sin haberlas constatado.

¿Cuál es la actitud vital más lógica ante el misterio, sea natural o sobrenatural?

¿Negarlo? Me parece que sería necio. Si solamente admitiéramos como verdadero aquello que entendemos o podemos comprobar por nuestros medios -sin creerle o confiar en otros con autoridad- nuestro “horizonte de certezas” sería minúsculo. Ya vimos que creer es natural a nuestra condición humana.

¿Reírse? Quizá funcionaría como mecanismo de defensa de nuestra ignorancia, pero además de necio, sería idiota.

¿Tratar de entenderlo o intentar comprobar su veracidad? Vamos mejor: está muy bien buscar las razones que hagan de una fe algo razonable, pero, si hablamos de misterio, por definición, habrá una frontera a partir de la cual, nuestra razón naufragará y dejará de tener posibilidades de aprehensión.

¿Aceptarlo? Creo que es lo más sensato. Aceptar que hay cosas que no entendemos, pero no por eso son falsas, ilógicas o irreales. Me pareció genial una frase que leí al respecto: “Una hormiga no entiende el ajedrez, y sin embargo el juego del ajedrez es una realidad”. Perdón, pero frente a lo infinito, somos menos que hormigas. Hay realidades que son reales, independientemente de que las entendamos. ¿Tan difícil es? La clave para lo infinito es una decisión: aceptarlo, o vivir sin hacerlo y no pudiendo demostrar por qué no lo aceptamos. Con los maravillosos avances tecnológicos que fuimos viendo, los hombres modernos fuimos perdiendo algo innato de nuestra especie humana, que es la capacidad de asombro. Y, de paso, la capacidad de tolerar que hay cosas que nos rebasan. El positivismo nos metió la fe inexorable de que, con el tiempo, nada quedará fuera de nuestra comprensión científica, filosófica y empírica. Yo opino diferente: creo que hay cosas que merecen admiración, y otras que siempre estarán fuera de nuestra comprensión, y frente a estas últimas, la actitud lógica sería aceptarlas y contemplarlas, admitiendo que nos trascienden.


Una última reflexión, que siempre me hice: ¿por qué Dios nos revelaría cosas incomprensibles -como la Trinidad, por ejemplo- sabiendo que no las entendemos y hasta nos pueden hacer reír de ellas, o dudar de Él? La respuesta es pura: por amor. Cuando amamos a otros, nos revelamos, le contamos nuestra intimidad; realidades que el otro no tendría posibilidad de saber si no nos abriéramos. Y nosotros las creemos porque nos las dice alguien que amamos y nos ama. ¿Cuántas veces le dijimos a un amigo experto “No entiendo, pero confío en vos”? El problema con Dios es que, quien se revela, es infinito. Y solamente queda aprender a admirarse, aceptar y confiar. O no, tenemos libre albedrío. Otro misterio fascinante, de paso.

©JIR