el no tiempo Abr24

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el no tiempo

Los miro, los toco, los beso, los aplasto. Sin esos furores de ternura temblaría de indigencia: paternidad teorética, convención de la sangre, amor sin pulpa ni huesos. En sus no tiempos no existe el devenir, ustedes son puro ahora. Se saben amados si son ceñidos. Y el animal que soy lo intuye, adivina que late si los toca, que respira si los huele. Quiere morder, mimar, acosquillar. Siente la necesidad rupestre del olor del hijo, del cuello, del pelo, del sudor tan único; sólo el padre ancestral que me germina adentro hambrea de eso. Un sonambulismo atávico me despabila a la noche para ver si respiran. Y si invaden nuestra cama, un instinto de manada hace que nos acomodemos como en un cuadro de Arcimboldo. No sabrán nunca de los instantes oscuros, del peso muerto de las manos vivas, de los acobijamientos de bracitos evasores de frazadas. No conocerán la beatitud de la temperatura de ustedes dormidos, ni la flaccidez de recién despertados. No me importa: lo llevarán en su entraña. Porque en su infancia, toda caricia es inmensa; quiero que ser abrazados sea constitución de su ser; para que cuando sus tersuras se conviertan en pellejos, en sus memorias físicas viva la hechura de haber sido amados. Y me apeno pensando que ya crecidos no cabrán en mí, ni podré revolearlos como renacuajos, o los estorbaré, o los avergonzaré, o… ¿pero qué incoherencias estoy diciendo? Estamos viviendo en su no tiempo, lo venidero es inexistencia.
© JIR