ser, estar, hacer Feb08

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ser, estar, hacer

Voy a hablar sobre los hijos, pero primero quiero meter el asunto en contexto. Son cuatro las palabras falsas sobre las acciones humanas: siempre, nunca, todo, nada. Nunca hacés las cosas, siempre te olvidás, todo lo hace al revés, nada te importa. ¿Quién no recibió el mazazo de alguna de ellas, en uno o muchos momentos de su vida? La mala noticia es que los seguiremos recibiendo. La buena noticia es que no hay que alarmarse, son simples generalizaciones, un artilugio muy común en la manera de concebir la realidad, y como las personas somos parte de la realidad, también caemos en la volteada.

Generalizar es una forma de reducir, anonadar algo complejo a una papilla simple. Blanco o negro, 1 o 0, binario. No recuerdo dónde lo leí, pero sí coincido en que la imbecilidad de alguien es directamente proporcional a su tendencia a generalizar. Generalizar es grotescamente fácil y no requiere de mayor ahínco; al contrario, es una manera de evitar el trabajo de discernir, ver matices, buscar excepciones, distinguir individuos, entender claroscuros, comprender contextos. Si esto no tuviera implicancias en actitudes y conductas, sería un tema como para levantarse de hombros, porque se acotaría al generalizador. Pero como éstos suelen aplicar sus generalizaciones a las palabras, hay que tener cuidado. Una evidencia de que alguien generaliza es cuando usa a) etiquetas para las personas (“todos los curas, todos los judíos, todos los chilenos”) y b) slóganes para las ideas. Discutir o debatir con alguien así es imposible, ya que cuando la rica realidad queda reducida a una minúscula generalización, se pone sólida como una piedra, impenetrable a un argumento o demostración. De tan simple, se vuelve refractaria.


Ahora bien, el mundo va a seguir más o menos loco y es demasiado dilatado para que podamos arreglarlo solamente con nuestros propios medios. Por gracia, tenemos un mundo doméstico más a mano, en donde nuestra influencia sí es enorme, y es nuestra familia, concretamente, los niños. Acá los padres también pecamos de generalizar, no sólo con las cuatro palabras que mencionaba al principio, sino con una más:

Ser.

Sos desordenado. Sos caprichoso. Sos un genio. Sos (complete lo que corresponda).

No sé las causas, quizá por ser padres carguemos con unos gramos extras de imbecilidad, pero es claro que tenemos una gran dificultad para distinguir los tres estados de las personas (nuestros hijos) que son ser, estar, hacer. Paso a compartir el simple razonamiento, que a mi esposa y a mí nos tomó bastantes años para llegar a tomar conciencia y (tratar de) no meter la pata… tan a menudo.

 

Ser tal cosa es etiquetar a la persona y empobrecerla. Es ponerle un filtro a través del cual decodificaremos todo lo que esa persona haga. Casi diría que es instalarle un grillete a su personalidad, porque no nos olvidemos que los hijos nos creen todo y como padres tenemos un poder gigantesco en sus emociones, por el mero hecho de ser padres. Si le digo a un hijo “sos tal cosa” el pibe se la cree. Es muy feo escuchar a alguien diciendo “Marticincito es caprichoso y Marianita es obediente”. ¿Siempre es caprichoso Martincito? ¿Nunca desobedece Marianita? Al pobre de Martincito le pegaron una etiqueta en la frente y cada vez que haga algo, uno filtrará su accionar con esa etiqueta, reforzándola. Si Martincito pide dos veces un helado y tiene la etiqueta de caprichoso, concluiremos que su insistencia es porque… “es” caprichoso. Ahora, si lo pide Marianita, que “es” obediente, filtraremos la misma conducta, y concluiremos que… tiene ganas de tomar un helado, nomás. Lo más grave es que, como decíamos, el nene se cree esa etiqueta -porque lo dice papá- y vive de acuerdo a ella, condicionado. La etiqueta que tiene pegada en la frente la leen los demás y la lee él todos los días, y así tiende a comportarse o a creerse.


Estar es un pasito más en el enriquecimiento del tema. Casi siempre no somos, casi siempre estamos. No somos melancólicos, estamos melancólicos. No es caprichoso, está caprichoso. No es gritón, está gritón. Al comprender que estoy así y no que soy así, se hace más fácil encontrar una salida a cualquier problema. Puedo entender que cierta circunstancia hace que esté de tal o cual forma, y deducir que si suprimo o cambio la circunstancia, deje de estar de tal o cual forma. Sí, claro, dirán que si uno siempre está, termina por ser. Generalmente, sí, pero no en todas las ocasiones; las personas somos seres vivos que cambiamos, tenemos etapas, maduramos y si de chiquito “era” desobediente, quizá de grande haya cambiado y me comporte lealmente. Además, ¿quién puede decir que siempre está optimista, melancólico o buena onda?


Hacer es la partícula más chica, y a la vez más rica, de esta cadenita de palabras. Enfocar la acción puntual permite encontrarle, aun más fácilmente, la vuelta al problema. Es mucho más sencillo corregir una acción (hacer) que un estar y ni hablar de un ser. De lo que voy aprendiendo como padre -a fuerza de desaciertos, quede claro- es que un chico entiende mucho más la corrección de una acción puntual que un sermón acerca de lo que él “es”. Si grita, se corrige el grito, se le explica la actitud a adoptar y se le dice que en la próxima ocasión, use equis método para llamar la atención, por ejemplo. Ahora, decirle “vos siempre estás gritando” o “vos sos un gritón” es el recurso más contraproducente y desmotivador, porque el pibe entiende que si siempre está gritando o es gritón, lo inexorable es gritar.


Es indudable que tenemos temperamentos y personalidades que hacen que tengamos ciertas tendencias y conductas (lo que comúnmente decimos acerca de que Fulano “es” así o asá). Mas no siempre estamos así o asá, ni mucho menos, siempre hacemos las cosas de así o asá. Si “fuéramos” así o asá, no habría acción humana posible, ni capacidad de cambiar, mejorar o madurar. Nuestro ser así o asá sería nuestra cárcel sin cerradura. Opino que, felizmente, no somos, muchas veces estamos y la mayor parte de las veces, hacemos. Por ello, nuestra vida está llena de esperanza de mejora y crecimiento. Porque ¿saben cuál es el riesgo más grande de generalizar? Generalizarse a uno mismo. Vade retro a eso, pues.

© JIR