detonadores Feb07

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detonadores

Vivíamos en las redes sociales antes de que existieran las redes sociales. Éstas solamente lograron dos cosas, no menores: una, demostraron en los hechos el viejo adagio de “el mundo es un pañuelo“; y dos, convirtieron al orbe en “pueblo chico, infierno grande“. Si más o menos ya sospechábamos lo del mundo-pañuelo, ahora sabemos que efectivamente lo es, pero muchísimo -muchísimo- más pequeño de lo que imaginábamos. Todos nos conocemos con todos, nos enteramos de todo y eso es una grandísima oportunidad o una tremenda amenaza, dependiendo de cómo nos portemos. O mejor dicho, de cómo seamos.

La diferencia entre comportarse y ser es todo lo contrario a algo trivial. De hecho, en caso de que alguien tenga el don de disociar ambas cosas, este divorcio irreal no puede mantenerse durante mucho tiempo, porque tarde o temprano se ve la hilacha y el ser termina prevaleciendo sobre el hacer.

¿A dónde quiero llegar? Como restrinjo este post al tema laboral (aunque se aplica a todas las dimensiones de nuestra persona) el punto es: si sos inteligente y querés tener una feliz carrera profesional a largo plazo, hay que pensar muy bien lo que hacés y lo que sos, porque si sos chanta, deshonesto, maltratador o simplemente, incompetente, el mundo-pañuelo se enterará más rápido de lo que tus piernas puedan correr. Nuestra reputación va a la velocidad de la luz, nuestra argumentación, a la del sonido. La reputación nos precede, siempre. El mecanismo de precedencia es uno solito y bien simple: los comentarios y expresiones que nosotros generamos en redes sociales, y lo más importante, los que otros digan sobre nosotros en las mismas redes, cara a cara o por pedir referencias personales o profesionales.

El mercado laboral de una profesión es muy pequeño y en poco tiempo la gente se conoce. A esto, tan asequible de entender, sucede que muchísima gente no lo interpreta y, desaprensivamente, va por la vida dinamitando relaciones laborales. Los explosivos para volarlas son, como decíamos, el hacer o el ser. Por ejemplo, ¿cuántas veces escuchamos el caso de personas que estuvieron años en un trabajo y un día se cansan, y en vez de irse por la puerta grande, comienzan a ponerse conflictivas o a trabajar mal, faltar o incumplir para “arreglar” (odio esa palabra, disculpen) y que les paguen, echándolas? Más allá de la mediocridad de la actitud, y de tener otros caminos para desvincularse -como conversar y plantear una charla lógica y honesta, por ejemplo- es una excelente forma de dinamitar una relación. ¿Alguien en su sano juicio cree que será bien recomendado? Perderá muchos laburos antes de siquiera intentar buscarlos. Otro caso, si sos proveedor y ves la oportunidad de ganar unos pesos extras abusivamente, confiando en que tu cliente no se entere, lo más probable es que se termine enterando -como siempre pasa- y deje de llamarte y obviamente, no te recomendará. Ganaste en el corto plazo, sí, pero perdiste en el largo. O si sos jefe, y maltratás a la gente, quizá un día el mundo gire y te encuentres con que tu víctima ahora es tu cliente… o tu nuevo jefe. O si querés asociarte con alguien, y querés llevarte siempre la parte del león, o abusar de la confianza de tu compañero, date por muerto en el futuro, cuando alguien pida referencias tuyas como aliado para un negocio.

Como nota de color, les comparto uno de los tantos indicadores que dan pistas en una búsqueda laboral. Siempre pregunto algo que es arquetípico para ver la hechura de la persona: “¿cuánto tiempo necesitás para dejar tu actual trabajo?“. Conste que en la agencia jamás obligamos a alguien a empezar en tal o cual fecha, siempre lo preguntamos y en el 99% de los casos, respetamos lo que nos pide. Bueno, si la persona dice “mañana“, o tira un plazo ridículamente corto, es la clara señal de que es desleal e irresponsable con su actual empleador y no tiene empacho en dinamitar esa relación. Podrá estar trabajando bien en su trabajo (hacer) pero en el fondo, no le importa el otro (ser). ¿Vieron? Al final las dos cosas se unen, siempre. Por lo tanto, hay que evitarla como a una avispa y si nos piden referencias, decirlo claramente, para proteger a los inocentes. Una persona profesional y valiosa, con la cual querés construir relaciones a largo plazo, no deja a nadie en banda y es claro que si hoy deja a pata a otro, mañana te va a dejar a vos.

Otro indicador -caricaturesco- es cuando te envían un CV desde su actual casilla de mail laboral, o te ofrecen chatear en pleno horario de trabajo. Señal clara de que la persona no está trabajando y mezcla las cosas.

O en el caso de terminar una relación comercial con un cliente, si salís despechado a gritarle a todo el mundo lo malo que es, y a contar horrores de su empresa y su forma de gestionar, no sólo es algo poco caballeroso e innoble, sino que estás revelándote como un ingrato y desagradecido, haciendo que otros clientes teman correr la misma suerte en el caso de que algún día no trabajen juntos. Bueno, si se trata de clientes Triángulo de las Bermudas, hay que avisar a los colegas, pero siempre con discreción y persona a persona, no ventilando.

¿Esto significa que si alguna vez metés la pata, o te equivocás, o inclusive, tenés una mala actitud puntual, estás condenado por el resto de tu carrera? Claro que no. Siempre se puede pedir disculpas, rectificar y subsanar el error. Etiquetar a alguien o guardar rencor o enojo durante años, es bastante infantil y alejado de la realidad, porque muchas veces, la gente evoluciona para bien. El problema es cuando no es un pifie puntual, sino que se persevera en esa mala actitud, cuando ya es un modo de vida y modus operandi.  Por otro lado, si alguien lo está pensando, olvídense del “ser buenitos” como táctica de negocios, maquiavélicamente usada para caer bien y conseguir relaciones. Mmmm… no, no es factible. Volvemos al hacer y al ser; podés caretear un rato, un mes, un año, pero si no sos sincero las máscaras se caen solas, lo genuino aflora a la vista de la gente, que no es tonta, y no hay protocolo, regalitos, RR.PP. ni Programación Neurolinguística que valga.

No quiero extenderme más, ojalá haya logrado darme a entender. Si Dios lo permite, la vida es bastante larga y estadísticamente tendremos una carrera de unos 40 años de trabajo antes de jubilarnos. Yo creo que el secreto de progresar profesionalmente es pensar  a dicha carrera como una maratón, algo de largo aliento, que se construye de a poco. Ser un garca es una estrategia de cortísimo plazo. No hay demasiados secretos más que hacer las cosas con pasión y bien, cotidianamente, capacitándote profesionalmente y tratando de progresar en las virtudes humanas un poco cada día, y de esa forma trocar el lapidario refrán del infierno por uno más agradable: “pueblo chico, Cielo grande“. Dinamitar relaciones es la estrategia más directa hacia el fracaso, porque las empresas pasan, pero las personas permanecen. Y hablan.

 

© JIR