creo que no, adrián Dic07

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creo que no, adrián

A veces, el tiempo y el espacio hacen picardías con las ideas de los pensadores. Alguien grita “¡Piedra libre!” unos siglos antes de que el otro se esconda. Acá, les quería compartir una de esas jugarretas, sobre la Paradoja de Russell, que fue resuelta por Tomás de Aquino… 600 años antes de que naciera Russell.

Me enteré de la existencia de dicha paradoja gracias a Adrián Paenza, cuando leí su libro “Matemática, ¿estás ahí?”. Paenza es un tipo admirable, bochazo y buena persona al mismo tiempo. Lo primero, okey, le tocó; pero lo segundo es 100% meritorio, porque no se guarda su talento para él, sino que hace mucho bien repartiendo asombro y hambre de aprender, con una generosidad grande. Y doy fe que su prédica puede resucitar a muertos numéricos, como quien escribe, porque hizo que descubriera que las Matemáticas podían ser creativas y bellas, algo que tenía totalmente negado. Cuando terminé de leer el libro, le escribí una carta agradeciéndole la obrita y con un comentario a propópisto del texto de Russell, en donde este muchacho (Bertrand, no Adrián) pretende, mediante un silogismo, demostrar la no existencia de Dios.

Acá se las comparto, citando literalmente del libro, y después va la solución que tiró Tomás:

“Seguramente, de todas las maneras de presentar la paradoja de Bertrand Russell, ésta es la más llamativa. Se pretende probar que Dios no existe, nada menos.

Pongámonos primero de acuerdo con lo que quiere decir Dios. Por definición, la existencia de Dios está igualada con la existencia de un ser todopoderoso. En la medida en que nosotros podamos probar que nada ni nadie puede ser omnipotente, entonces, nadie podrá adjudicarse el “ser Dios”. Vamos a probar esto “por el absurdo”; o sea, vamos a suponer que el resultado es cierto y eso nos va a llevar a una contradicción.

Supongamos que Dios existe. Entonces, como hemos dicho, en tanto que Dios, debe ser todopoderoso. Lo que vamos a hacer es probar que no puede haber nadie todopoderoso. O lo que es lo mismo: no puede haber nadie que tenga todos los poderes.

Y hacemos así: si existiera alguien que tuviera todos los poderes, debería tener el poder de hacer piedras muy grandes. No le puede faltar este poder, porque si no, ya demostraría que no es todopoderoso. Entonces, concluimos que tiene que tener el poder de hacer piedras muy grandes. No sólo tiene que tener el poder de hacer piedras muy grandes, sino que tiene que ser capaz de hacer piedras que él no pueda mover… no le puede faltar este poder (ni ningún otro si vamos al caso). Luego, tiene que ser capaz de hacer piedras y que esas piedras sean muy grandes. Tan grandes, que eventualmente él no las pueda mover.

Ésta es la contradicción, porque si hay piedras que él no pueda mover, eso significa que le falta un poder. Y si tales piedras no las puede hacer, eso significa que le falta ese poder. En definitiva, cualquiera que pretenda ser todopoderoso adolecerá de un problema: o bien le falta el poder de hacer piedras tan grandes que él no pueda mover, o bien existen piedras que él no puede mover. De una u otra forma, no puede haber nadie todopoderoso (y eso era lo que queríamos probar)”.

Pah.

Ahora bien, Tomás, seis siglos antes de Bertrand, pensó lo mismo, y le encontró la vuelta. La solución es simple:  la Paradoja de Russell encierra un error conceptual. Me refiero a la pretensión de demostrar que un Dios todopoderoso no existe, porque si fuera todopoderoso podría crear una piedra que él no pudiera mover y si así fuera, dejaría de ser todopoderoso (y añado imposibilidades: que no pudiera crear otro ser todopoderoso, un círculo cuadrado, o hacer que 2+2=3, etc).

El razonamiento que propone Tomás es así: es incorrecto decir “Dios no puede hacer tal cosa”, lo correcto es decir “Tal cosa no puede ser hecha ni siquiera por Dios”.

¿Por qué? porque no se trata de una “impotencia de Dios”, sino de la impotencia de la cosa para ser hecha, como sería, por ejemplo, un círculo cuadrado.

¿Dios no puede hacer un círculo cuadrado? No, pero no porque le falte poder para hacerlo, sino porque un círculo cuadrado sencillamente dejaría de ser círculo, y por eso, en lugar de decir DIOS NO PUEDE HACER CÍRCULO CUADRADO se dice UN CÍRCULO CUADRADO NO PUEDE SER HECHO. Piénsenlo, no es un juego de palabras, es la realidad.

¿Dios no puede hacer una piedra más grande que él? No, porque la piedra sería más grande que lo más grande absoluto (Dios), o sea, algo más infinito que lo infinito no puede ser hecho.

¿Dios no puede demostrar que 2 + 2 = 3? No, porque 2 + 2 dan 4, y si no dieran 4 sería un error o no serían 2 + 2.

¿Dios no puede crear otro Dios? No, si asumimos que Dios es increado y existe desde siempre, si creara otro Dios, éste no existiría desde siempre, por lo tanto, no sería Dios, sería otra cosa.

Etcétera, se entendió.

A veces, a la palabra “todopoderoso” se la toma sólo en el aspecto del “poder hacer algo groso o supermanesco”. Pero esa es una parte solamente. La fracción faltante es:

  • Cuando se afirma que Dios es todopoderoso, asumimos que lo es en todos los sentidos: todoamoroso, todointeligente, todobueno, todoperfecto, todocapaz, todológico, todosabio, etc. Todas las perfecciones imaginables, llevadas al máximo posible. O sea, perfecto, sin error ni carencia.

  • Como tal, un ser así, perfecto, no puede ni siquiera desear o querer algo imperfecto, ilógico o falso. En él no hay experimentación, deducción ni ensayo-error, o malas decisiones. Es todo sin error.

  • Por lo tanto, ser todopoderoso, implica que puede hacer todo lo que quiere hacer. Y sólo puede querer lo posible, lo verdadero y lo lógico.

A diferencia de nosotros, que podemos dudar, experimentar, desear o hacer algo que no es lógico o verdadero, un ser todopoderoso (todoperfecto, todosabio, todoamoroso) no puede querer o hacer algo que no sea perfecto o bueno.

Sí, sí, sí. Ahora se estarán preguntando por qué si existe un ser que es todopoderoso, todobueno, todoamoroso, el mundo está como está y existen males, guerras y demás calamidades. El tema tiene su respuesta y da para mucho más, claro, pero no es el objetivo de este post. Bánquenme un tiempo a que lo escriba y pondré el link en este lugar. Por otro lado, con este texto no quería demostrar la existencia de Dios, sino simplemente la inconsistencia de la paradoja, y que la no-existencia de Dios es indemostrable, tal como lo admitió Paenza en un artículo en LA NACION, hace un tiempo.

Más allá de si Russell pifió o si Tomás acertó (como creo), hay que agradecerle a Adrián, que nos hizo pensar. Personas como él son imprescindibles, las necesitamos.

© JIR