Fe y Dios Dic05

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Fe y Dios

En el primer post procuré reflexionar acerca de que la fe es algo innato, humano y necesario para las personas de carne y hueso, y que no se puede vivir sin creer. En el segundo, sobre cómo convivirían la fe, la ciencia y la razón. Pero en ambos solamente compartí lo que pensaba acerca de la fe natural.

En este post, trataré de hablar de la fe sobrenatural, o sea, fe en que lo que Dios revela no es irracional; algo que mucha gente considera poco inteligente o infantil. Para discurrir sobre el tema, me tomaré de la mano de mi filósofo vivo preferido, que es Gabriel Zanotti. Y otra vez el razonamiento arranca con una pregunta:

¿La fe sobrenatural es razonable? ¿Creer en Dios y en dogmas indemostrables, es racional?

En el caso particular de los católicos, creemos que la fe y la razón no están peleadas ni son contradictorias. Por la razón conocemos verdades demostradas, y por fe conocemos verdades reveladas, que solamente podemos saberlas de ese modo porque superan la razón. Jugando con las palabras, creemos que lo que creemos es racional -aunque nos supere- y la razón tiene un sentido profundo para la vida de un católico. Uno de los cuestionamientos o problemas más grandes para cualquier creyente, es cuando se le cuestiona la razonabilidad de sus creencias. Y está muy bien cuestionar, porque ayuda a madurar.

Ahora, yendo al grano, les comparto un ejemplo que resume claramente la convivencia perfecta entre fe y razón. Seguramente, aunque no hayan leído el Evangelio, oyeron hablar del episodio en donde el arcángel Gabriel se le aparece a María, dialogan y le anuncia que Dios la eligió para ser madre del Mesías. La escena es simplísima:

1. El arcángel se le aparece y le dice que fue elegida para ser la madre del Hijo de Dios.

2. María da su sí.

Hasta acá, todo bien. Pero entre esos dos momentos, hay un pequeño detalle que se nos escapa. Antes de dar el sí, María hace una pregunta: que cómo puede ser ello posible, si aún no convivía con José.

Es un detalle fascinante. ¡Es una pregunta racional! María tenía fe, pero también era una joven inteligente. Formaba parte de su fe que su creencia fuera también razonable.

Y ahora miren qué delicia: confía en el mensaje de Dios, pero pregunta el cómo, la razonabilidad del anuncio, porque ella no lo alcanza a vislumbrar. No dice que es un absurdo que una mujer quede embarazada sin varón, ni pide una demostración filosófica o científica, sino que sencillamente, habla con Dios, preguntando por el cómo y el sentido del misterio. Sabe que Dios va más allá del entendimiento, pero es profundamente racional.

Y lo interesante es que, contrariamente a muchos “maestros” humanos, la respuesta no es “cállese, no pregunte”. Se le responde con toda naturalidad que el Espíritu descenderá sobre ella y que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra. Punto.

Miren la bella poesía de la respuesta, no filosófica, no científica, sino profundamente religiosa, profundamente razonable. No elimina el misterio, porque el hijo de María era (es) nada más ni nada menos que Dios, pero la respuesta no es “porque los pajaritos son verdes”. No, es una respuesta que manifiesta que lo que está más allá de lo natural, es el lugar de la acción sobrenatural de Dios.

En este pasajecito se resume la convivencia unida del misterio y razonabilidad a la vez, en un matrimonio indisoluble, cuyo divorcio se debe, no a nuestra sencilla humanidad, sino a nuestras irrazonables complicaciones de lo que sea la razón.

María es humana y lo humano no soporta lo absurdo. Es lacerante, cortante, es hiriente para nuestra naturaleza. Pero lo humano tampoco se contenta con sólo lo humano. Tenemos más que lo humano, porque misterio es distinto de absurdo. Misterio es algo infinitamente superador de nuestra razón, pero no absurdo. Y ahí está la fe. Sobrenatural, en este caso.

Cuando uno cree, sabe sin comprobar y aún sin entender. Es lógico: si Dios cupiera en nuestras cabezas, si lo entendiésemos cabalmente, no sería infinito, no sería Dios. Por eso, decimos que es misterioso. Porque trasciende nuestro entendimiento, es más que racional, es profundamente racional, es supra-racional.

La fe sobrenatural es como la natural, pero multiplicada al infinito. Las dos se basan en el principio de autoridad. En la fe natural, en la autoridad la calculadora que dice “257” o el científico que explica el átomo. En la sobrenatural, en la autoridad de un Dios que revela verdades de fe, que superan nuestra comprensión. Pero acá, además de la autoridad, se le sumarían el amor y la confianza: le creo a ese Dios no sólo porque es infalible, sino porque sé que me ama y quien ama no engaña, no puede.

Y acá termina (¿o empieza?) la disquisición. Quise compartirles por qué pienso que creer en algo que nos supera y no entendemos, no es necesariamente irracional. Pero creer no es solamente un asunto intelectual, sino existencial. Creer no es solamente saber; creer es entregarse. Aunque este es tema de otro post, que todavía no escribí.

© JIR