¿Vino Pocho? Dic01

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¿Vino Pocho?

Estamos en los años 30`s. Vemos en traveling de cámara aérea subjetiva que viaja por toda la ciudad bajo la lluvia, de noche. Pasa frente a una humilde carpa de circo y en la taquilla vemos un cartel que dice FUNCIONES SUSPENDIDAS. SE DEVUELVEN LAS ENTRADAS. Unas pocas personas con paraguas hacen la cola para retirar su dinero.

Sigue el traveling hasta la puerta de una casa de velatorios. Acá se desarrolla la escena.

El muerto es un enano. El cajón es chiquito. La viuda está al lado, es una mujer de 50 años, muy linda. Un hombre calvo, serio, la toma de la mano protocolarmente. Alrededor están los deudos musitando en voz baja.

De pronto, por la puerta de la sala, entra un payaso. Nadie se asombra.

PAYASO (se acerca a saludar a la viuda)

Hola a todos. Qué lluvia. Hola María, no necesito decirte que lo siento.

MARIA

No, Alberto, gracias. Miralo, está en paz. Como siempre.

PAYASO (sacando una nariz roja de su bolsillo y mostrándosela)

¿Puedo?

MARIA

¿Vos qué pensás?

PAYASO

Que se va a reír mucho desde arriba.

 MARIA

Bueno, dale.

 

PAYASO pone la nariz roja al muerto, con solemnidad. El resto de los deudos bajan la cabeza, emocionados. Menos uno, SALDAÑA, que se escandaliza.

 SALDAÑA

¿Pero qué falta de respeto es esta?

PAYASO

Sr Saldaña, usted es el dueño del circo, pero yo fui el compañero de Tapín durante 35 años y lo quise más que nadie. Sé que a él le encanta este gesto y desde el Cielo me está dando hurras. ¿Qué sabe usted de amistad? Sólo sabe de plata.

SALDAÑA (mirando a MARIA)

María, con todo respeto, creo que este tipo se extralimitó.

MARIA

Sr Saldaña, a mí no me molesta. Cuando se muere un Presidente, le ponen la banda. Cuando se muere un payaso… Alberto… le puso su nariz. Gracias Alberto. Gracias.

PAYASO (girándose hacia EMANUEL, otro deudo)

De nada, María. Emanuel, ¿vino Pocho?

EMANUEL (confundido)

¿Eh? ¿Pocho? Sí, sí…

PAYASO

Traelo, quiero hablar con él para decirle algunas cosas a María.

 

EMANUEL se aleja unos pasos, abre una valija y vuelve con un muñeco ventrílocuo y lo sienta en su rodilla. Está un poco confundido por lo raro de la situación. Los demás se acercan lentamente, rodeándolos, expectantes.

PAYASO (dirigiéndose al muñeco)

Pocho querido, necesito que me ayudes. Hoy es un día muy triste y vos sos un muñeco, pero eso no importa, porque siempre decís la verdad. Empiezo con la pregunta fácil: ¿qué es ese ruido que se escucha afuera?

POCHO (mira a EMANUEL y luego contesta)

La… ¿la lluvia?

PAYASO

No. Es el aplauso de Dios. Lo aplaude a Tapín. Un aplauso inabarcable, interminable, el más eufórico de su carrera. Es la recompensa por su inocencia y alegría.

MARIA se emociona, baja la cabeza.

PAYASO

Ahora decime: además de María, ¿quién fue la persona que más quiso a Tapín en su vida?

POCHO

Vos.

PAYASO

¿Y por qué?

POCHO

Porque fueron compañeros. Porque cuando inventaban los chistes se reían mucho. Porque lo acompañaste siempre. Porque cuando… cuando Saldaña quiso vender el circo, ustedes hicieron un equipo que nos defendió a todos.

PAYASO

Todo lo que dijiste es cierto, Pocho, pero te faltó algo. Ahora te voy a decir un secreto: también porque, durante 35 años, respeté su amor por María, aunque estuve enamorado de ella cada día de mi existencia. Respeté en silencio el sagrado amor de ambos, sin mancillarlo ni traicionarlo.

 

MARIA acusa el impacto de las palabras, se tapa la boca con una mano. Los demás murmuran. SALDAÑA pone gesto escandalizado. A POCHO se le cae la mandíbula.

PAYASO

Pocho, no te alteres, que no tenés sistema nervioso. Decime una cosa: si Tapín no era un galán, ¿cómo la enamoró a María?

POCHO (mirando a EMANUEL)

Haciéndola reír. Siempre la hizo reír.

PAYASO

Aaaahhh… ahora te voy a hacer la pregunta difícil: hoy, en este día tan triste, ¿Cómo le puedo decir a María que la amo?

EMANUEL (poniéndose de pie, incómodo, dejando a Pocho)

Pará Alberto, qué incómodo es esto. No, no sé, no sé…

PAYASO

¡Chst! ¡Estoy hablando con Pocho! Por favor. Pocho ¿Cómo le puedo decir a María, en este momento tan triste, que la amo, que la voy a cuidar, que no va a quedar en la calle, porque juntos vamos a impedir que la avaricia de Saldaña remate el circo? ¿Cómo puedo decirle que, por amor a mi amigo Tapín, quiero seguir a su lado, haciéndola reír hasta que su sonrisa no tenga dientes? Es una pregunta difícil, Pocho. Pensá bien la respuesta, mirá que soy un payaso, no un poeta.

 

Se hace un largo silencio. Escuchamos la lluvia. MARIA llora cabizbaja, conmovida. SALDAÑA sale de la sala, furioso. Los demás se emocionan. Vemos más detalles de los deudos y -excepto por un HOMBRE, que tiene traje y corbata- se nota claramente que todos son personajes de circo, pero vestidos de civil: el forzudo, bailarinas estilizadas, uno con bigote a lo Dalí, dos siameses, un domador con cicatrices de tigre en los brazos.

 

PAYASO

¿Y, Pocho? ¿Qué hago?

 

POCHO

Hacela… hacela reír.

 

PAYASO (girándose hacia MARIA, conmovido)

Qué buena respuesta… María, hace 35 años que tengo un chiste guardado en secreto. Para vos sola. Ojalá nunca hubiera tenido que decírtelo, pero si hoy no te lo digo, nunca nadie lo escuchará. Sólo lo pueden escuchar vos y Tapín, desde el Cielo. ¿Me acompañás afuera un instante? Después volvemos.

 

A partir de ahora, sólo escuchamos la lluvia. No hay otro sonido.

 

MARIA, con la cabeza baja, extiende su mano a PAYASO, quien la toma con sus guantes. Los vemos caminar de atrás mientras los deudos abren paso. Salen hacia el toldito de la entrada, los ilumina una luz amarilla, casi se parece a una luz seguidora de circo. Se toman de las manos. Ella siempre tendrá la cabeza baja. Vemos que PAYASO le dice algo a MARIA y ella sonríe tímidamente. Luego ríe un poco, tapándose la boca. Luego, asiente. Luego mira a PAYASO, quien saca un pañuelo mágico de su manga y se lo da. Ella se seca las lágrimas.

Entran tomados de la mano y se paran frente al cajón, conmovidos, pero felices.  PAYASO Mira a POCHO.

 

PAYASO

Gracias, Pocho.

POCHO

De nada, Tapón.

POCHO gira hacia el cajón y baja la cabeza en señal de respeto. Todos lo imitan en silencio. TAPON toma ambas manos de MARIA.

HOMBRE CON TRAJE se acerca respetuosamente a PAYASO.

 

HOMBRE (en voz baja)

Soy el escribano Britos. Yo quiero comprar el circo, pero para mantenerlo abierto, ¿luego podemos hablar?

 

PAYASO

Shhh… Sr Escribano. Eso es para más adelante. Ahora escuche… escuche. No interrumpamos el aplauso, es de mala educación.

 

Todos bajan la cabeza, en señal de recogimiento. Ruido de lluvia. Fade.

 

(Ejercicio de guión en el taller de Diego Lerman y María Meira. Registrado en Propiedad Intelectual)

© JIR